Nasrudín y la olla que tuvo cría
No leído
Una olla vuelve acompañada por una pequeña cacerola. Su dueño acepta una explicación que después le traerá problemas.
Una colección para descubrir
Una respuesta inesperada puede cambiar la pregunta.
55 historias · Lectura gratuita

Una olla prestada, un abrigo de fiesta o una cuenta de monedas: en los cuentos de Nasrudín, lo cotidiano suele terminar al revés. A veces el chiste señala una contradicción; otras, deja al propio protagonista en una posición incómoda.
Esta selección invita a leer en voz alta y detenerse en la última respuesta. Puedes reírte con Nasrudín, discutirle su razonamiento o preguntarte qué le diría la otra persona. No hace falta convertir cada ocurrencia en una lección.
Para leer sin apuro
No leído
Una olla vuelve acompañada por una pequeña cacerola. Su dueño acepta una explicación que después le traerá problemas.
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En una boda, Nasrudín descubre que lo reciben de otra manera cuando cambia de ropa.
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Nasrudín dice que su burro salió, pero una voz muy conocida se escucha desde el interior de la casa.
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En un sueño, nueve monedas le parecen pocas a Nasrudín. Cuando abre los ojos, cambia de opinión.
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Para contar los días, Nasrudín guarda una piedra por jornada. No sabe que alguien agregó unas cuantas más.
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Tres veces se dispone Nasrudín a predicar y tres veces encuentra una salida inesperada.
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Sorprendido en una huerta ajena, Nasrudín culpa al viento de todo, hasta que le preguntan por el saco.
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Nasrudín se come una tarta sin pagar y encuentra una explicación muy suya para los golpes del pastelero.
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Nasrudín compró una cantidad de huevos a razón de nueve por un aspre, una moneda de entonces. Los llevó a otro lugar y allí los vendió a diez por un aspre.
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Nasrudín se echó una escalera al hombro y la apoyó contra la tapia de una huerta. Subió, pasó al otro lado y se llevó la escalera consigo.
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Unos muchachos de Belgrado llevaron a Nasrudín al baño público. Habían escondido varios huevos en sus bolsas.
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Nasrudín regresaba del campo de cosecha con mucha sed. Miró alrededor y vio un árbol que recibía agua por un caño conectado a una fuente.
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Unos amigos quieren comerse el cordero de Nasrudín con un pretexto, y él les responde con el mismo argumento.
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Un ladrón entró en la casa de Nasrudín, juntó todo lo que había, se lo cargó a la espalda y salió.
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A Nasrudín le robaron una suma de dinero.
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Un mulá había recorrido Arabia, Persia, el Indostán y, en fin, los siete climas del mundo, sin encontrar a nadie que pudiera responder sus preguntas.
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Nasrudín vio muchos patos jugando sobre el agua de una fuente. Corrió hacia ellos.
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Nasrudín había comprado un hígado y lo llevaba a su casa. De pronto un milano bajó desde lo alto, lanzó un chillido, le arrebató el hígado y se fue volando.
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Un hombre fue a ver a Nasrudín y le pidió una cuerda.
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Nasrudín puso varias aves de corral en una jaula y salió rumbo al castillo de Siouri.
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Nasrudín se hace el muerto en una tumba y vuelve a casa con una lección sobre el otro mundo.
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Nasrudín fue con Cheragh Ahmed a la cueva de un lobo para ver a sus cachorros.
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Nasrudín trepó a un árbol, se sentó en una rama y empezó a cortarla.
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Nasrudín llegó un día a una ciudad y encontró a los doctores de la ley comiendo y bebiendo. En cuanto lo vieron, lo trataron con grandes honores y le acercaron comida.
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