Nasrudín compró una cantidad de huevos a razón de nueve por un aspre, una moneda de entonces. Los llevó a otro lugar y allí los vendió a diez por un aspre.
Algunas personas le preguntaron:
—¿Por qué das diez por lo mismo que pagaste por nueve?
—Porque siempre quiero que mis amigos vean que pierdo en mis negocios —respondió Nasrudín.


