Nasrudín fue con Cheragh Ahmed a la cueva de un lobo para ver a sus cachorros.
—Entra tú —le dijo a Ahmed.
Ahmed entró. El lobo adulto estaba afuera, pero al poco rato regresó e intentó meterse en la cueva con sus crías.
Cuando ya había entrado hasta la mitad, Nasrudín lo sujetó fuerte de la cola. El lobo se debatía, levantando una nube de polvo que iba a dar a los ojos de Ahmed.
—¡Eh, Nasrudín! ¿Qué significa todo este polvo? —gritó desde adentro.
—Si se rompe la cola del lobo, enseguida vas a saber qué significa.


