Nasrudín puso varias aves de corral en una jaula y salió rumbo al castillo de Siouri.
Mientras caminaba, pensó:
—Estas pobres criaturas están presas aquí. Mejor les doy un poco de libertad.
Abrió la jaula. Las gallinas salieron corriendo, cada una para un lado.
Nasrudín tomó un palo y se plantó delante del gallo. Lo empujaba y lo arreaba mientras le decía:
—Tú, que en plena noche sabes cuándo llega la mañana, ¿cómo puede ser que a plena luz del día no sepas el camino al castillo?


