Fábulas de Esopo
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No leído
Una joven recogía arándanos en el monte Katahdin. Se sentía sola.
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Un cazador salió desde el brazo oriental del río Penobscot, siguió otro curso de agua y llegó al pie del monte Katahdin. Cazó muchos días solo, sin encontrar a nadie.
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Una mujer fue a la orilla de un lago y se acostó a dormir. Al despertar vio salir del agua una gran serpiente de ojos brillantes. Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo que la mujer no pudo impedir.
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En los tiempos antiguos había una mujer muy hermosa. Se casó y su esposo murió poco después. Ella volvió a casarse. En un solo año tuvo cinco maridos, todos admirados por su inteligencia, su aspecto y su valor. Los cinco murieron.
No leído
Dos hombres vivían juntos en una vivienda del bosque, junto a un lago hermoso donde se reflejaban los árboles. Uno era Pulowech, la Perdiz; el otro se llamaba Wejek, la Perdiz del Árbol.
No leído
Un viajero cruzaba el bosque cuando oyó a lo lejos pasos que golpeaban el suelo. Quiso encontrar a quienes hacían aquel ruido. Caminó una semana entera hasta llegar a un árbol alrededor del cual bailaban un hombre y una mujer.
No leído
Cuando una perdiz golpea un tronco hueco, su tamborileo se parece al ruido de alguien que trabaja en una canoa. Y los golpes sobre una canoa pueden sonar, a lo lejos, como una perdiz. Este cuento explica por qué.
No leído
Dos hermanos fueron a cazar en otoño hasta las cabeceras del Penobscot. Pasaron allí el invierno. En marzo ya tenían gastadas las raquetas y los mocasines, y desearon que hubiera una mujer para arreglarlos.
No leído
Maui, hijo de Hina-lau-ae y Hina, vivía con su familia en Makalia, por encima de Kahakuloa, al oeste de la isla de Maui. Su madre fabricaba kapa, una tela de corteza que debía extender al sol para que se secara. Pero los días eran tan cortos que apenas terminaba de desplegar las telas ya tenía que guardarlas. A la mañana siguiente volvía a sacarlas, y al atardecer todavía seguían húmedas.
No leído
Maui y Hina tenían cuatro hijos: Maui-mua, Maui-hope, Maui-kiikii y Maui-o-ka-lana. Los cuatro eran pescadores y vivían en Kaupo, en la isla de Maui.
No leído
La historia que sigue vincula a Pele, conocida por los volcanes, con una gran inundación de tiempos antiguos.
No leído
En tiempos del rey Kealiikukii, Kahawali era jefe de Puna, en la isla de Hawaii. Un día fue con uno de sus compañeros a deslizarse en holua, el trineo que se usaba sobre las laderas. La cuesta donde jugaron quedó asociada con su nombre: el lugar de deslizamiento de Kahawali.
No leído
Cerca de la cumbre de Hualalai, en una cueva del lado sur de la montaña, vivían Hina y su hijo Hiku. Él era un kupua, un ser de poderes extraordinarios. Había pasado toda su infancia y su juventud a solas con su madre, sin bajar nunca a las llanuras donde vivían otras personas.
No leído
En una época cuyo año no se recuerda, cuando Milu vivía en Waipio, llegaron a las islas varias personas con sus esposas desde la lejana Kahiki. El relato dice que eran de naturaleza divina. Allí donde pasaban, llamaban la atención.
No leído
En la costa norte de Molokai, entre los valles de Pelekunu y Waikolu, el promontorio de Haupu se levantaba sobre el mar como el filo de un hacha. Frente a él sobresalían del agua unas rocas agudas. Este relato cuenta cómo llegaron a estar allí.
No leído
En la cabecera del valle de Manoa estaba Akaaka, una saliente de la montaña por encima de Waiakeakua, el agua de los dioses. Akaaka se había unido a Nalehuaakaaka, vinculada con los arbustos de lehua de su cumbre. Tuvieron dos hijos mellizos: Kahaukani, un varón asociado con el viento de Manoa, y Kauakuahine, una niña asociada con su lluvia.
No leído
En las montañas de Kaala vivía un jefe llamado Kahaakea. Tenía dos hijos mellizos, un varón y una niña. Su madre había muerto al dar a luz. El niño se llamaba Kauawaahila, Lluvia de Waahila, y la niña Kauakiowao, Niebla de Montaña.
No leído
En la meseta entre Ewa y Waialua estaba Kukaniloko, el lugar sagrado donde, según esta historia, debían nacer los hijos de la línea real de Oahu. Si una madre daba a luz fuera de allí, su descendencia perdía los privilegios correspondientes a ese rango.
No leído
Eleio era un kukini, un corredor entrenado al servicio de Kakaalaneo, rey de Maui. Los jefes importantes contaban con hombres capaces de llevar mensajes por el camino más directo: trepaban laderas, saltaban arroyos y cruzaban precipicios sin rodearlos.
No leído
En el valle de Mapulehu, al este de Kaluaaha, se levantaba el heiau de Iliiliopae. El templo miraba hacia el puerto de Ai Kanaka, también llamado Pukoo. Lo había mandado construir Kupa, soberano de aquella parte de Molokai, y allí tenía su residencia.
No leído
Kapoi vivía en Kahehuna, en Honolulu. Un día fue a Kewalo a buscar material para cubrir el techo de su casa. Al volver encontró unos huevos de búho y se los llevó.
No leído
En Mokuleia, en la región de Waialua, vivían dos ancianos que rezaban a Kaneaukai para pedir una pesca abundante. Tenían pocas posesiones. Al terminar su comida de poi y pescado solían beber awa.
No leído
Kamohoalii, el rey tiburón de Hawaii y Maui, tenía varias cuevas profundas junto a los acantilados de Waipio y Kohala. Entre sus moradas estaban Koamano y el pequeño islote de Maiaukiu. Según las creencias recogidas en esta historia, algunos dioses tiburón podían tomar otras formas, incluso la humana.
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Lindu, que cuida las aves viajeras, espera a un prometido que siempre cambia de camino.
Prueba con otro tema o quita algún filtro.
Los buenos cuentos se comparten.
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