La Perdiz hace girar su canoa redonda mientras un águila y un búho observan desde otras embarcaciones.

Nordeste de América del Norte · Peskotomuhkati · Relato tradicional

La canoa redonda de la Perdiz

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

3 min de lectura6+ años · edad orientativa
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Cuando una perdiz golpea un tronco hueco, su tamborileo se parece al ruido de alguien que trabaja en una canoa. Y los golpes sobre una canoa pueden sonar, a lo lejos, como una perdiz. Este cuento explica por qué.

En los tiempos antiguos, Mitchihess, la Perdiz, construía las canoas de todas las aves.

Una perdiz tamborilea sobre un tronco hueco junto a varias canoas de corteza a medio construir en un claro del bosque.

Un día se reunieron para estrenarlas. El Águila subió a una embarcación grande y empezó a remar con las puntas de las alas. Después salió el Búho. Lo siguieron la Grulla, el Azulejo, la Agachadiza y el Mirlo, todos orgullosos.

Hasta el pequeño Colibrí tenía una canoa diminuta. La Perdiz le había hecho un remo muy lindo, aunque algunos opinaban que era demasiado grande: medía casi dos centímetros y medio.

El Águila Pescadora, que vivía en el aire, miró aquella flota salir al mar y gritó asombrada:

—¡Viene una canoa!

Una flota de canoas de corteza con un águila, un búho, una grulla, un azulejo, una agachadiza, un mirlo y un colibrí diminuto sale al mar, mientras un águila pescadora los mira desde el aire.

Las aves preguntaron a Mitchihess por qué no se había construido una para sí. La Perdiz puso cara misteriosa y siguió tamborileando. Cuando insistieron, les dio a entender que su propia canoa sería una maravilla: algo que ningún ojo de ave había visto jamás.

Pasaron muchos días. Al fin corrió la noticia de que estaba terminada. Todas las aves se reunieron en la orilla para conocerla.

La Perdiz había pensado lo siguiente: si una canoa con dos extremos podía avanzar en dos direcciones, una canoa que tuviera extremos por todas partes podría ir hacia cualquier lado.

Por eso la hizo completamente redonda, como un nido.

Las aves quedaron maravilladas. ¿Cómo no se les había ocurrido una idea tan sencilla?

En la orilla, la perdiz presenta orgullosa una canoa perfectamente redonda, rodeada por aves asombradas.

Mitchihess se subió y empezó a remar.

La canoa giró.

Remó de nuevo y volvió a girar. Por más que trabajó, no avanzó nada: daba vueltas y vueltas en el mismo sitio.

Al fin, agotada, la Perdiz regresó a la orilla. Sintió tanta vergüenza que voló lejos, hacia el interior, y se escondió bajo los arbustos bajos.

Desde entonces, dice la historia, vive tierra adentro y no busca los ríos ni el mar.

La perdiz se esconde avergonzada bajo arbustos bajos en un bosque lejos del agua.
Fin

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Con chicos

Para conversar con chicos

La Perdiz sabe construir buenas canoas, pero su idea nueva necesita una prueba. Que algo no funcione como esperábamos no borra lo que ya sabemos hacer. Podemos imaginar cómo habría sido probar el diseño antes de anunciarlo a todos.

  • ¿Por qué le parece buena la forma redonda?
  • ¿Cómo podrían las otras aves acompañarla después del intento?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El constructor competente falla al extender demasiado una regla: más extremos no producen más direcciones útiles. La expectativa pública aumenta la vergüenza, y el relato transforma el fracaso en explicación del hábitat del ave. La reflexión puede abrir una alternativa de aprendizaje sin modificar ese retiro definitivo en la narración.

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