Wasis sostiene un pedacito de azúcar de arce mientras Glooskap lo mira con una sonrisa desconcertada.

Nordeste de América del Norte · Penobscot · Relato tradicional

Wasis, el invencible

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

3 min de lectura6+ años · edad orientativa
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Glooskap había vencido a todos sus enemigos: gigantes, hechiceros, espíritus del aire nocturno y seres capaces de devorar personas. Un día se puso a pensar si ya habría terminado su tarea.

Se lo preguntó a una mujer.

—No tan rápido —le respondió ella—. Todavía queda uno al que nadie pudo vencer ni podrá vencer jamás.

—¿Quién es?

—El poderoso Wasis. Ahí está. Y te advierto que, si te metes con él, vas a tener problemas.

Wasis era un bebé. Estaba sentado en el suelo, muy contento, chupando un pedacito de azúcar de arce. No molestaba a nadie.

Junto a un wigwam, una mujer señala a un bebé que chupa azúcar mientras Glooskap la mira incrédulo.

Glooskap nunca había tenido hijos y no sabía cómo tratar a los chicos. Precisamente por eso estaba convencido de que sabía hacerlo perfectamente.

Le dedicó una sonrisa encantadora.

—Ven conmigo.

El bebé le devolvió la sonrisa, pero no se movió.

Glooskap le habló con dulzura, con una voz suave como el canto de un pájaro de verano. Wasis siguió sentado, saboreando su azúcar.

Entonces Glooskap frunció el ceño y puso una voz terrible.

—¡Ven gateando hasta aquí, ahora mismo!

Wasis se echó a llorar y a gritar. Pero tampoco se movió.

Glooskap, con el ceño fruncido, le ordena algo al bebé, que llora a gritos sin moverse de su estera.

Solo le quedaba probar la magia. Glooskap pronunció sus encantamientos más temibles y cantó las canciones capaces de levantar a los muertos y espantar a los espíritus malignos.

El bebé lo miró maravillado. Todo aquello le resultaba muy interesante. Sin embargo, no avanzó ni un poquito.

Glooskap canta con los brazos en alto entre hojas que giran con luz, mientras el bebé lo mira maravillado.

Al fin Glooskap se dio por vencido. Wasis, sentado al sol, empezó a balbucear y a reír:

—¡Gu, gu!

El bebé ríe feliz al sol mientras, al fondo, Glooskap se aleja rascándose la cabeza.

Desde entonces, cuando un bebé ríe feliz sin que nadie sepa por qué, esta historia dice que recuerda aquella vez en que venció a quien había vencido al mundo entero. Porque, entre todos los seres que existieron desde el principio, solo el bebé sigue siendo invencible.

Fin

¿Una historia para recordar?

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¿Seguimos con otra?

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Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

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Con chicos

Para conversar con chicos

Glooskap sabe hacer muchas cosas, pero sus poderes no consiguen que Wasis vaya hacia él. El bebé está ocupado y contento. Podemos imaginar maneras de acercarnos a un chico que tengan en cuenta lo que está haciendo y cómo se siente.

  • ¿Qué le interesa a Wasis durante la visita?
  • ¿Qué cambia cuando Glooskap levanta la voz?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El humor depende de aplicar una lógica de conquista a una relación de cuidado. La experiencia del héroe no lo prepara para esta escena, aunque él confunde seguridad con conocimiento. Wasis no organiza una rebelión: permanece donde estaba, y la narración interpreta esa quietud como una victoria absoluta.

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