Una joven recoge arándanos y contempla la cima del monte Katahdin iluminada por el sol rojo.

Nordeste de América del Norte · Penobscot · Relato tradicional

La mujer y el monte Katahdin

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Una joven recogía arándanos en el monte Katahdin. Se sentía sola.

—Ojalá tuviera un esposo.

Miró la gran montaña, con la cima encendida por el sol rojo, y agregó:

—Ojalá Katahdin fuera un hombre y se casara conmigo.

Algunas personas la oyeron antes de que siguiera subiendo. Después desapareció. Durante tres años nadie volvió a verla.

Al fin regresó con un bebé hermoso. Sus pequeñas cejas eran de piedra.

La joven sale del bosque con un niño en brazos y los habitantes de la aldea la miran asombrados.

El Espíritu de la Montaña la había tomado por esposa. Cuando ella quiso volver con su gente, la dejó ir en paz, pero le prohibió revelar con quién se había casado.

El niño tenía dones extraordinarios. Si señalaba con el dedo a un alce o a cualquier animal que corriera, caía muerto. Si viajaban en canoa y señalaba una bandada de patos o cisnes, el agua quedaba cubierta de presas que podían recoger. Gracias a él, su madre y toda la comunidad tenían comida de sobra. Los sabios decían que llegaría a ser un gran hechicero.

Desde una canoa, el niño señala una bandada de patos mientras su madre rema por el lago.

Katahdin y su esposa habían querido criar un hijo que fortaleciera a su pueblo e hiciera grandes a los wabanaki. Antes de la partida, él le había dicho:

—Avísales que no deben preguntarte quién es el padre de tu hijo. Lo van a reconocer al mirarlo. No tienen que afligirte con sus preguntas.

La mujer dio el aviso y compartió con todos lo que necesitaban. Aun así, no dejaban de interrogarla sobre aquello de lo que no quería hablar.

Un día, cansada de la insistencia, pensó que Katahdin tenía razón: aquella gente no merecía que su hijo la sirviera ni la condujera a la victoria. La siguieron hostigando hasta que habló:

—¿Por qué me obligan a decir lo que ya saben? Miren las cejas de mi hijo. ¿No reconocen a Katahdin? Como avispas que pican la mano que intenta sacarlas del agua, rechazan la ayuda. Van a lamentar estas preguntas. Desde hoy tendrán que conseguir su propia comida: mi hijo no cazará más para ustedes.

En el centro de la aldea, la mujer con su hijo en brazos responde con enojo a los vecinos que la rodean.

Se levantó, entró en el bosque y subió a la montaña. Nunca volvió a ser vista en la tierra.

Vista de espaldas, la mujer sube con su hijo por un sendero de piedra hacia la enorme montaña.

La voz del relato explica así que aquel pueblo, destinado a ser grande, se volviera pequeño. Y concluye que habría sido mejor respetar su silencio.

Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

Conoce su historia Más de «Relatos wabanaki: cuando Glooskap escucha»

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Para conversar con chicos

La mujer comunica un límite y ofrece ayuda, pero las preguntas no se detienen. Tener curiosidad no siempre nos da derecho a exigir una respuesta. Podemos pensar cómo seguir compartiendo con alguien sin saber todo sobre su vida.

  • ¿Qué había pedido la mujer desde su regreso?
  • ¿Cómo se puede mostrar interés sin insistir cuando alguien no quiere hablar?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El don que alimenta a la comunidad viene acompañado de una condición de privacidad. La insistencia destruye el vínculo y el relato convierte la pérdida de ayuda en explicación de una pérdida histórica mayor. Esa explicación pertenece a esta narración mediada; no reemplaza la historia de los pueblos ni autoriza a culparlos de las violencias que padecieron.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.