Vasilisa comparte un poco de pan con su muñeca junto a los granos que debe separar.

Tradiciones reunidas en la colección rusa de Ralston · fuente de Afanásiev, versión inglesa de Ralston · Cuento tradicional

Vasilisa y la muñeca

Relatos de la colección de Ralston

6 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Cuando Vasilisa tenía ocho años, su madre enfermó y murió. Antes de despedirse le entregó una muñeca y una bendición.

La madre entrega una pequeña muñeca a Vasilisa, de ocho años.

—Guárdala siempre contigo. Si te pasa algo malo, dale de comer y pídele consejo.

Tiempo después, el padre volvió a casarse. Su nueva esposa y sus dos hijas hicieron de la vida de Vasilisa una sucesión de trabajos y castigos. Pero cada noche ella reservaba un poco de comida para la muñeca. Después de comer, su pequeña compañera la consolaba y la ayudaba con las tareas.

Pasaron los años. Durante un largo viaje del padre, la madrastra llevó a las muchachas a una casa junto al bosque donde vivía Baba Yagá. Una noche dejó una sola vela encendida y ordenó a sus hijas apagarla. Cuando todo quedó oscuro, las dos mandaron a Vasilisa a pedir fuego a la bruja.

En la casa a oscuras, junto a la vela recién apagada, las hermanastras señalan la puerta mientras Vasilisa mira asustada hacia el bosque.

La joven alimentó a su muñeca y la guardó en el bolsillo. Caminó temblando entre los árboles. Vio pasar un jinete blanco y comenzó a amanecer. Después cruzó otro rojo y salió el sol.

Al anochecer llegó a una cabaña rodeada de huesos y calaveras. Un jinete negro desapareció junto a la entrada y cayó la noche. Los ojos de las calaveras se encendieron, iluminando el claro.

Baba Yagá apareció en su mortero, impulsándose con un mazo y borrando el rastro con una escoba. Vasilisa explicó que necesitaba fuego.

Vasilisa, asustada, ve llegar a Baba Yagá en su mortero frente a una cabaña rodeada de calaveras con los ojos encendidos.

—Te lo voy a dar si trabajas para mí. Si no terminas lo que te pida, te como.

La hizo servir una cena enorme y apenas le dejó unas sobras. Luego le ordenó limpiar, preparar la comida, arreglar la ropa y separar de una gran cantidad de trigo todas las semillas ajenas.

Vasilisa dio las sobras a la muñeca y lloró. Su compañera le aconsejó descansar. Al día siguiente, cuando la bruja salió, casi todo el trabajo apareció terminado: solo faltaba cocinar.

Vasilisa comparte unas sobras con su muñeca junto a los granos que debe separar.

Baba Yagá volvió y no encontró nada que reprochar. Llamó a sus servidores y tres pares de manos se llevaron el trigo para molerlo. Para la jornada siguiente añadió otra tarea: limpiar semillas de amapola mezcladas con tierra. La muñeca volvió a ayudar, y las manos se llevaron después las semillas para hacer aceite.

Durante la cena, Vasilisa preguntó por los jinetes. Baba Yagá respondió que eran su Día, su Sol y su Noche. La joven pensó en preguntar también por las manos, pero prefirió callarse.

—¿Y tú cómo haces todo ese trabajo? —preguntó la bruja.

—Me ayuda la bendición de mi madre.

Baba Yagá no quiso tener en casa a una persona bendecida. La sacó afuera, puso una calavera encendida en un palo y se la entregó para llevar fuego a su familia.

Baba Yagá entrega a Vasilisa una calavera encendida colocada en un palo.

Vasilisa regresó. Estuvo a punto de tirar la calavera, pero una voz le ordenó conservarla. En la casa seguían a oscuras: cualquier fuego que traían se apagaba.

La recibieron con alivio. Sin embargo, los ojos de la calavera dirigieron sus llamas hacia la madrastra y sus hijas. No pudieron esconderse. Al amanecer habían muerto, reducidas a cenizas. Vasilisa quedó ilesa.

Vasilisa, ilesa y sobresaltada junto a la puerta, mira tres montones de ceniza con restos de ropa. La calavera conserva una luz en los ojos al amanecer.

Enterró la calavera y se mudó a la ciudad, a casa de una anciana. La muñeca le hizo un telar y ella tejió un lino extraordinariamente fino. Se lo regaló a la mujer, que lo llevó al rey.

Vasilisa teje un lino fino en casa de la anciana que la recibió.

El rey quiso camisas de aquella tela, pero nadie podía trabajarla. Vasilisa cosió doce y las envió al palacio. Cuando el rey la hizo llamar, se enamoró de ella y se casaron.

El rey recibe a Vasilisa y examina con ella una camisa de lino fino. Otras once camisas están dobladas sobre la mesa, y la muñeca asoma del bolsillo de Vasilisa.

Más tarde regresó su padre y fue a vivir con ella. También llevó a su casa a la anciana que la había recibido. La muñeca no quedó olvidada entre las nuevas riquezas: Vasilisa la conservó en el bolsillo durante toda su vida.

Vasilisa conserva la muñeca en el bolsillo mientras recibe a su padre y a la anciana en su nueva casa.
Fin

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Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de W. R. S. Ralston: un huso y su hilo sobre un libro abierto, junto a tinta y hojas de abedul.
Ilustración de su mundo literario

Traductor y editor

W. R. S. Ralston

William Ralston Shedden Ralston tradujo y estudió relatos tradicionales en Russian Fairy Tales. Su libro acompaña las narraciones con notas sobre las colecciones y localidades de las que proceden. Para esta selección se consultó una edición de Hurst & Co. sin año...

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Con chicos

La muñeca acompaña a Vasilisa tanto cuando tiene miedo como cuando empieza una vida nueva. Su ayuda cambia de forma: primero la orienta y después le permite trabajar. El recuerdo de la madre sigue con ella hasta la última escena.

  • ¿Qué cosas hace Vasilisa por sí misma y en cuáles recibe ayuda?
  • ¿Por qué te parece importante que conserve la muñeca después de casarse?

Una mirada adulta

El cuento enlaza una herencia íntima con dos espacios de trabajo: la casa amenazante de Baba Yagá y el taller que hace posible una nueva posición social. La continuación textil importa tanto como la huida: Vasilisa no termina su recorrido al regresar del bosque. El fuego que trae introduce, además, una violencia que excede su pedido inicial.

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