Un día le preguntaron a Nasrudín:
—¿Cuál es tu signo?
—Nací bajo el signo del macho cabrío.
—Pero no existe ese signo.
—Cuando yo era chico, mi madre mandó hacer mi horóscopo. En ese momento estaba ascendiendo el Cabrito.
—Está bien, Nasrudín. Pero una cosa es un cabrito y otra un macho cabrío.
—¡Qué simples son! —respondió—. Desde entonces pasaron cuarenta o cincuenta años. ¿No habrá tenido tiempo ese cabrito de convertirse en un chivo viejo?


