Nasrudín asó un ganso y salió a llevárselo al emperador. Por el camino sintió tanta hambre que le cortó una pata y se la comió.
Al llegar, puso el ganso delante de Tamerlán. El emperador pensó que Nasrudín se burlaba de él y se enojó mucho.
—¿Por qué este ganso tiene una sola pata?
—En nuestro país todos los gansos tienen una sola pata. Si no me crees, mira los que están al lado de esa fuente.
En el borde de la fuente había una bandada de gansos, todos parados sobre una pata. Tamerlán ordenó que los tamborileros tocaran a la vez. Empezaron a golpear los tambores y los gansos apoyaron inmediatamente las dos patas.
—¿No ves que tienen dos? —dijo el emperador.
—Si siguen tocando así —contestó Nasrudín—, tú mismo pronto vas a tener cuatro.


