El hombre pobre reclama su kopek a Marko junto al botín abandonado en la iglesia.

Tradiciones reunidas en la colección rusa de Ralston · fuente de Afanásiev, versión inglesa de Ralston · Cuento tradicional

Marko y la moneda que debía

Relatos de la colección de Ralston

3 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Marko era un comerciante rico al que le costaba desprenderse de cualquier moneda. Un día vio a un hombre pobre dar un kopek a un mendigo. Para no quedar mal, le pidió prestado otro y lo entregó como limosna.

—Pasa mañana por mi casa y te lo devuelvo —prometió.

En la escalinata nevada de una iglesia, el mercader rico da con aire generoso una moneda a un mendigo mientras el hombre pobre que se la prestó lo observa.

El hombre fue al día siguiente. Marko no tenía cambio. Volvió otra vez y recibió la misma respuesta. Finalmente le dijeron que esperara dos semanas.

Cuando regresó, Marko lo vio desde la ventana y tuvo una idea. Se acostó bajo los iconos, se cubrió con una tela y le pidió a su mujer que fingiera llorar su muerte.

El visitante escuchó la noticia y se ofreció a lavar el cuerpo, como último servicio a cambio de aquella moneda. Trajo agua tan caliente que Marko apenas pudo soportarla. Pero el comerciante siguió haciéndose el muerto.

Marko, tendido bajo los iconos y cubierto con una tela, aprieta los ojos mientras su esposa finge llorar y el hombre pobre se acerca con una tina de agua humeante.

Lo pusieron en un ataúd y lo llevaron a la iglesia. El hombre pobre se quedó leyendo oraciones a su lado.

Durante la noche entraron unos ladrones con su botín. El lector se escondió detrás del altar. Los recién llegados repartieron lo robado, pero no lograban decidir quién se quedaría con un sable de oro.

Entonces el hombre salió de su escondite.

—Que se lo lleve quien se anime a cortar la cabeza de ese cadáver —propuso.

Marko saltó del ataúd. Los ladrones, aterrados, dejaron todo y escaparon.

De noche, en la iglesia, Marko salta del ataúd y cuatro ladrones huyen aterrados dejando en el suelo bolsas de monedas y un sable de oro.

Los dos hombres quedaron solos entre las riquezas abandonadas. Marko sugirió repartirlas y cada uno recibió una parte abundante.

—¿Y mi kopek? —preguntó entonces el hombre pobre.

El comerciante lo miró como si aquella fuera la verdadera dificultad de la noche.

—Pero, amigo, ¿no ves que todavía no tengo cambio?

Así terminó el reparto. Habían encontrado una fortuna, pero Marko siguió debiendo la pequeña moneda con la que había querido parecer generoso.

Fin

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Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de W. R. S. Ralston: un huso y su hilo sobre un libro abierto, junto a tinta y hojas de abedul.
Ilustración de su mundo literario

Traductor y editor

W. R. S. Ralston

William Ralston Shedden Ralston tradujo y estudió relatos tradicionales en Russian Fairy Tales. Su libro acompaña las narraciones con notas sobre las colecciones y localidades de las que proceden. Para esta selección se consultó una edición de Hurst & Co. sin año...

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Con chicos

Marko hace cosas cada vez más complicadas para no devolver una moneda. Incluso después de recibir mucho dinero, repite la misma excusa. El final nos devuelve al problema del comienzo.

  • ¿En qué momento podría haber terminado esta historia con una simple devolución?
  • ¿Qué te sorprende de la última respuesta de Marko?

Una mirada adulta

La desproporción entre la deuda y el costo del engaño organiza la comicidad. La nueva riqueza no cambia la relación del personaje con el dinero: el último kopek conserva un poder que el botín no desplaza. El acreedor también recurre a una amenaza, de modo que el duelo de ingenios mantiene su aspereza.

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