Likho, una anciana de un solo ojo, recibe al herrero y al sastre en su cabaña del bosque.

Tradiciones reunidas en la colección rusa de Ralston · fuente de Afanásiev, versión inglesa de Ralston · Cuento tradicional

Likho de un solo ojo

Relatos de la colección de Ralston

3 min de lectura13+ años · edad orientativa
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Un herrero decía que nunca había visto la desgracia. Como todos hablaban de ella, decidió salir a buscarla. Por el camino encontró a un sastre que también creía haber vivido sin grandes males, y los dos siguieron juntos.

Al llegar la noche entraron en una cabaña del bosque. Estaba vacía, hasta que apareció una mujer alta y encorvada, con un solo ojo. Era Likho, nombre que el cuento relaciona con el mal y la desventura.

—Ya tengo cena —dijo al verlos.

Encendió el horno, mató al sastre y se lo comió. El herrero, atrapado, buscó una manera de ganar tiempo.

—Sé trabajar el metal —le dijo—. Puedo hacerte un ojo.

Junto al horno encendido, el herrero ofrece con un martillo y una cuerda hacerle un ojo a Likho, que lo mira desconfiada.

Likho aceptó. Él explicó que necesitaba sujetarla para que no se moviera. Probó primero una cuerda débil, que ella rompió, y después otra más fuerte. Cuando la tuvo inmovilizada, la hirió en el ojo que veía.

Likho consiguió soltarse y se sentó en la puerta. No veía, pero no pensaba dejarlo escapar.

Esa noche entraron sus ovejas. El herrero observó que, al amanecer, ella las dejaba salir de una en una, palpándoles el lomo. Se puso su abrigo de piel con la lana hacia afuera y avanzó agachado entre el rebaño.

Likho tocó la lana y lo empujó hacia la salida. Una vez afuera, el hombre se enderezó y gritó que ya estaba libre.

Al amanecer, Likho palpa el lomo de cada oveja en la puerta mientras el herrero, cubierto con una piel de oveja, gatea entre el rebaño.

—Todavía no terminaste conmigo —respondió ella.

El herrero corrió por el sendero. En un árbol vio un hacha de mango dorado. Quiso llevársela y la tomó. Su mano quedó pegada: por más que tiraba, no podía soltarla.

En un sendero del bosque, el herrero tira desesperado del mango dorado de un hacha clavada en un árbol mientras Likho se acerca a lo lejos.

Detrás apareció Likho. Se acercaba llamándolo. El herrero, desesperado, usó el cuchillo que llevaba para cortarse la mano y consiguió escapar.

Regresó a su pueblo sin el sastre y con una herida que no podía ocultar. Cuando le preguntaron por su viaje, mostró el brazo.

En la calle de una aldea de troncos, el herrero muestra su brazo vendado a tres vecinos que lo miran consternados.

Ahora conocía la desgracia que había salido a buscar.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de W. R. S. Ralston: un huso y su hilo sobre un libro abierto, junto a tinta y hojas de abedul.
Ilustración de su mundo literario

Traductor y editor

W. R. S. Ralston

William Ralston Shedden Ralston tradujo y estudió relatos tradicionales en Russian Fairy Tales. Su libro acompaña las narraciones con notas sobre las colecciones y localidades de las que proceden. Para esta selección se consultó una edición de Hurst & Co. sin año...

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Para reflexionar

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Con chicos

El herrero cree que ya está a salvo cuando sale de la cabaña. Después se detiene por un objeto que quiere llevarse. Esa pausa cambia otra vez su camino.

  • ¿En qué momentos cambia lo que el herrero cree saber sobre el peligro?
  • ¿Qué le preguntarías cuando vuelve al pueblo?

Una mirada adulta

El cuento tiene dos fugas y niega que la primera victoria sea suficiente. La curiosidad inicial y el deseo por el hacha vuelven a exponer al personaje a aquello que intentaba comprender desde lejos. La pérdida final transforma una idea abstracta en una experiencia que ya no puede deshacer.

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