El joven encuentra piedras preciosas junto a la serpiente roja en su patio.

Georgia · Tradición mingreliana · Wardrop (1894) · Cuento tradicional

Los tres consejos

Relatos de la colección de Wardrop

4 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Había un joven huérfano tan pobre que no encontraba nada entre el cielo y la tierra que pudiera llamar suyo. Después de mucho pensar, salió a buscar cómo ganarse la vida.

En el camino encontró a un hombre que le ofreció un trato:

—Trabaja conmigo tres años y te enseñaré tres cosas que te van a servir.

El joven aceptó. Al terminar el primer año, el maestro le dijo:

—Todo lo que encuentres afuera de tu patio, échalo adentro.

Al terminar el segundo, recibió otro consejo:

—No le prestes nada a nadie, salvo que te insistan mucho.

Y al concluir el tercero, el hombre le dio el último:

—No le cuentes tu secreto a una mujer.

Lo bendijo y lo mandó de regreso. El joven cercó su patio y empezó a echar dentro cuanto encontraba afuera, siguiendo la primera instrucción.

En un camino junto a un viñedo, el anciano maestro bendice al joven antes de despedirlo.

Una mañana halló una serpiente roja en el camino y la arrojó al patio. Una semana después descubrió, en aquel mismo lugar, un montón de piedras preciosas. Recogió las piedras y llevó a la serpiente a un nido dentro de la casa.

Cada día el animal dejaba una piedra nueva. El muchacho se volvió rico, construyó una casa hermosa y se casó. Su riqueza seguía creciendo, hasta que la esposa le preguntó de dónde venía.

—Antes no tenías nada. ¿Cómo conseguiste todo esto?

—Dios me lo dio —respondió él, sin revelar más.

Pero ella volvió a preguntar, de día y de noche, hasta que el marido cedió y le mostró la serpiente. Desde entonces, el animal dejó de producir piedras. Los bienes se fueron gastando y nada nuevo llegaba a reemplazarlos.

El joven abre un nido en un nicho de la pared y muestra la serpiente roja a su esposa, que mira con curiosidad.

Un día se presentó un hombre y le pidió prestado un cuchillo. Abatido por sus pérdidas, el joven olvidó el segundo consejo y se lo entregó sin más.

En el portón del patio, el joven abatido le entrega un cuchillo a un desconocido de mirada esquiva.

El desconocido era un ladrón. Entró a robar en una casa, mató con aquel cuchillo a un hombre que dormía y dejó el arma en el cuerpo antes de llevarse lo que encontró.

Cuando investigaron el crimen, reconocieron el cuchillo del joven. Lo detuvieron, lo ataron y le confiscaron todas sus posesiones. Recibió el castigo destinado al ladrón, aunque no era quien había robado ni matado. Así terminó su fortuna.

Dos guardias se llevan al joven con las manos atadas mientras le sacan sus bienes y su esposa llora en el balcón.
Fin

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Para reflexionar

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Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El cuchillo pertenece al joven, pero otra persona lo usa para cometer el crimen. Podemos seguir qué sabe cada personaje y qué dato les falta a quienes investigan. El consejo sobre las mujeres es un prejuicio del maestro, no una regla que tengamos que aceptar.

  • ¿Qué diferencia hay entre reconocer un objeto y saber quién lo usó?
  • ¿Qué preguntas habrían podido hacer antes de castigarlo?

Una mirada adulta

La estructura presenta la desgracia como consecuencia de desobedecer consejos, pero conserva una falla evidente de justicia: propiedad del arma no equivale a culpabilidad. El secreto mágico y la generalización misógina también pueden separarse. La insistencia de una esposa no demuestra nada sobre todas las mujeres.

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