La mujer acerca su pañuelo al pastor que ejerce como juez.

Georgia · Tradición mingreliana · Wardrop (1894) · Cuento tradicional

El pastor que fue juez

Relatos de la colección de Wardrop

3 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Un rey tenía cuatro ministros encargados de juzgar los asuntos de su pueblo. Un día conversó con un pastor y quedó tan satisfecho con su manera de pensar que ordenó mostrarle una sentencia reciente.

El pastor la leyó, no estuvo de acuerdo y la corrigió de principio a fin.

—Si sabes juzgar así, vas a ser juez —decidió el rey.

Un pastor corrige una sentencia con una pluma mientras el rey lo observa admirado y los ministros se ofenden.

Pero el pastor puso una condición terrible:

—Mientras tenga ojos no puedo juzgar. Solo aceptaré si me quitan la vista.

Insistió hasta que lo dejaron ciego. Después le dieron una casa, escribientes y todo lo necesario para ejercer como juez principal.

Pronto su fama recorrió la región. Ricos y pobres, patrones y sirvientes, amigos y enemigos iban a buscarlo. Todos elogiaban sus decisiones.

Cierta vez llegaron un hombre y una mujer que discutían por un ternero. El hombre habló primero:

—Fui a su casa montado en mi mula. Un ternero venía con ella y, cuando la até, empezó a mamar. Esta mujer salió diciendo que el animal era suyo y quiso quitármelo. Juzga entre nosotros.

Al mismo tiempo, en secreto, le hizo llegar una suma de dinero y un mensaje para que fallara a su favor.

El juez rechazó el soborno.

—¿Cómo voy a quitarle un ternero a alguien si la justicia no lo permite?

Un juez de ojos cerrados rechaza con la mano una bolsa de monedas mientras el hombre que la envió se inquieta.

Después escuchó a la mujer.

—Yo solo tengo una vaca y su cría. Cuando este hombre llegó, el ternero se acercó a la mula y la tocó con el hocico, como buscando mamar. Él quiso aprovecharse: se lo llevó hacia su casa. Yo no podía permitirlo. Vine porque todos hablan de tu justicia.

El juez había oído las dos versiones. Resolvió que una mula no podía ser la madre de un ternero y que debían devolvérselo a la mujer, dueña de la vaca que lo había parido.

Una mujer abraza feliz a un ternero junto a su vaca mientras un hombre enfurruñado espera con su mula.

La decisión alegró a quienes la escucharon. Y el cuento dice que Dios tuvo misericordia de aquel juez: por medio del pañuelo de la mujer, sus ojos sanaron y volvió a ver.

Desde entonces juzgó con los dos ojos abiertos y la misma rectitud que antes. Lo hizo hasta su muerte; cuando murió, fue al cielo.

Fin

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Con chicos

El juez escucha dos relatos sobre la misma visita. Uno de los visitantes también intenta comprar la respuesta. Después de recuperar la vista, el pastor sigue siendo justo.

  • ¿Qué parte del relato del hombre no prueba que el ternero le pertenezca?
  • ¿Qué muestra el final sobre la condición que el pastor había puesto al principio?

Una mirada adulta

La ceguera voluntaria convierte la imparcialidad en una imagen corporal extrema, pero el cierre permite separar ambas: la vista recuperada no corrompe al juez. La escucha y el rechazo del soborno importan más que la privación. El milagro pertenece al marco religioso de esta narración.

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