Un peregrino llega a una casa solitaria donde una anciana hila junto a una lámpara.

Japón · versión de Yei Theodora Ozaki · Relato tradicional

La casa de Adachigahara

Cuentos de Japón

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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En la llanura de Adachigahara se contaba que una criatura devoradora de personas tomaba la forma de una anciana. Algunos viajeros habían desaparecido, y los vecinos procuraban no acercarse al lugar después del atardecer.

Un peregrino budista llegó allí sin conocer el camino. Había caminado todo el día, estaba hambriento y empezaba a sentir el frío del otoño. No encontró a nadie que pudiera orientarlo o advertirle del peligro.

Después de muchas vueltas vio una luz entre los árboles. Se acercó y descubrió una casa deteriorada, con la cerca rota y agujeros en las puertas de papel. Junto a una lámpara, una anciana hilaba.

—Me perdí —le explicó—. ¿Podría pasar la noche bajo su techo? Me alcanza con dormir en el suelo.

La mujer dijo que no tenía cama ni comodidades para huéspedes. Él insistió: estaba demasiado cansado para seguir. Al final ella lo dejó entrar y encendió un fuego.

El peregrino se quitó las sandalias y acercó las manos al calor. Su anfitriona preparó arroz y luego se sentó a conversar con él. A medida que pasaba la noche, el visitante pensaba en la suerte que había tenido al encontrar una persona tan amable.

Junto al fuego del hogar, el peregrino come arroz y conversa con la anciana, que sonríe.

Pero la leña se terminó y las llamas fueron apagándose. La anciana anunció que saldría a buscar más. Él quiso ir en su lugar, pero ella no aceptó.

—Eres mi invitado. Quédate aquí y cuida la casa.

Antes de alejarse volvió sobre sus pasos y agregó:

—No te muevas de este cuarto. Pase lo que pase, no mires dentro de la habitación del fondo.

Desde la puerta, la anciana levanta un dedo y le advierte al peregrino que no mire en la habitación del fondo.

El peregrino prometió obedecer. La mujer salió, y él quedó solo con una lámpara débil y el fuego apagado.

Por primera vez, la casa le pareció inquietante. ¿Qué habría detrás de aquella puerta? Intentó quedarse quieto. Después se levantó, dio unos pasos y regresó al lugar donde había estado sentado. No quería faltar a su palabra.

La anciana tardaba. El silencio aumentaba su miedo y su curiosidad. Finalmente se acercó al cuarto prohibido y deslizó la puerta.

Adentro había huesos humanos amontonados y manchas de sangre. El olor y la visión lo hicieron retroceder. Cayó al suelo temblando. Entonces recordó las historias de una criatura que atraía viajeros para comérselos.

Junto a una puerta corrediza entreabierta que deja ver solo oscuridad, el peregrino cae al suelo aterrado.

No podía esperar a que regresara.

Tomó su sombrero y su bastón y salió corriendo. Apenas se había alejado cuando escuchó pasos a sus espaldas.

—¡Detente! ¿Por qué miraste en la habitación?

Reconoció la voz de la anciana. Pero cuando volvió la cabeza vio que su cara se había transformado. Lo perseguía un ser furioso, de pelo suelto, con un cuchillo en la mano.

El peregrino corría como si no hubiera caminado durante horas. Repetía una plegaria a Buda mientras escuchaba a su perseguidora cada vez más cerca. No sabía cuánto podría resistir.

Bajo la luna, el peregrino corre entre altas hierbas mientras una figura oscura de pelo suelto lo persigue a lo lejos.

Cuando creyó que las piernas ya no lo sostendrían, el cielo empezó a aclararse. Con la llegada del amanecer, la criatura desapareció.

Él se detuvo, todavía sin aliento. Sacó sus cuentas de oración y agradeció a Buda la protección que, según creía, lo había salvado. Después siguió viaje hacia otra región. La llanura y la casa quedaron atrás.

Al amanecer, el peregrino arrodillado sostiene sus cuentas de oración y agradece, con la llanura vacía detrás.
Fin

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Con chicos

La misma casa parece un refugio al principio y un peligro después. El peregrino tiene que cambiar de idea cuando descubre algo que no sabía sobre quien lo recibió.

  • ¿En qué momento empieza a cambiar el ambiente de la historia?
  • ¿Qué detalle te hizo pensar que el peregrino debía salir de la casa?

Una mirada adulta

La hospitalidad aparente y la habitación prohibida vuelven inestable la promesa del huésped. Mirar es aquí lo que permite sobrevivir. La llegada del día cierra la persecución, mientras la oración sostiene al personaje durante la incertidumbre.

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