Un lobo se enfrenta a un cordero pequeño en un prado.

Tradición esópica · atribución griega antigua, corpus de transmisión acumulada · Fábula

El lobo y el cordero

Fábulas esópicas · versión inglesa de Townsend

1 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Un lobo encontró a un cordero que se había apartado del rebaño. Antes de devorarlo, quiso encontrar alguna razón que justificara, ante su propia víctima, el derecho a comérsela.

—El año pasado me insultaste —le dijo.

En un prado dorado, un cordero solitario mordisquea un cardo lejos del rebaño, mientras un lobo lo observa escondido detrás de un olivo.

—Pero yo todavía no había nacido —baló el cordero, con tristeza.

—Entonces, comes en mi prado.

—No, señor. Todavía no he probado la hierba.

—¡Y bebes de mi pozo!

—Tampoco he bebido agua. La leche de mi madre es mi comida y mi bebida.

El lobo lo atrapó y se lo comió.

—¡No voy a quedarme sin cena porque puedas responder a todas mis acusaciones!

El tirano siempre encontrará un pretexto para ejercer su tiranía.

Al atardecer, junto al pozo, el prado está vacío: un mechón de lana queda prendido en un cardo mientras el lobo se aleja colina arriba con aire satisfecho.
Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Para conversar con chicos

El cordero responde con hechos, pero el lobo ya decidió hacerle daño. Que alguien tenga más fuerza no hace verdaderas sus acusaciones. El final es triste y no significa que el cordero haya contestado mal.

  • ¿Qué cambia el lobo cada vez que recibe una respuesta?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La disputa no busca establecer un hecho: prepara una violencia ya decidida. La última frase del lobo vuelve inútil incluso su propia escenificación de justicia. La fábula permite distinguir entre un desacuerdo que admite razones y una acusación que cambia cada vez que recibe respuesta.

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