Un roble firme y unos juncos inclinados enfrentan el viento junto al río.

Tradición esópica · Fábula

El roble y los juncos

La fuerza de doblarse

2 min de lectura6+ años · edad orientativa
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Junto al arroyo crecía un roble de tronco ancho. Cerca de sus raíces, los juncos se inclinaban cada vez que corría una brisa. El árbol apenas movía sus ramas más pequeñas; los juncos, en cambio, parecían saludar a todo viento que pasaba.

Junto al arroyo crece un roble de tronco ancho, y entre sus raíces los juncos se inclinan con la brisa.

Una noche llegó una tormenta. El agua golpeó las hojas y las ráfagas empujaron el roble. El árbol se mantuvo rígido. Sus ramas resistieron, su tronco crujió y la tierra empezó a abrirse alrededor de las raíces.

Los juncos se doblaron hasta casi tocar el agua. Cuando cambiaba el viento, cambiaban con él. No intentaban detenerlo: lo dejaban pasar sobre sus tallos.

Bajo la lluvia nocturna, los juncos se doblan casi hasta el agua frente al roble, con la tierra abierta junto a sus raíces.

Una ráfaga más fuerte arrancó al roble del suelo. El gran árbol cayó atravesado sobre el arroyo. Al amanecer, sus raíces quedaron al aire y sus ramas descansaban entre los juncos, que empezaban a enderezarse.

Durante la tormenta nocturna, el roble se inclina sobre el arroyo con las raíces arrancadas del suelo, mientras los juncos se doblan junto al agua.

—No entiendo —dijo el roble—. Yo era fuerte y ustedes son tan delgados. ¿Cómo siguen en pie?

—Tú peleaste contra cada empujón —respondieron los juncos—. Nosotros pudimos doblarnos sin quebrarnos.

El agua continuó pasando entre las ramas caídas. Los juncos se mecían a su lado, frágiles a la vista y enteros después de la tormenta. El roble había descubierto demasiado tarde que mantenerse rígido no era la única forma de resistir.

Al amanecer, el roble yace atravesado sobre el arroyo con las raíces al aire, mientras los juncos vuelven a levantarse.
Fin

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Con chicos

El roble y los juncos atraviesan la misma tormenta de maneras distintas. Los juncos se doblan y después vuelven a levantarse; el árbol cae. La imagen sirve para pensar cuándo conviene cambiar una manera de hacer algo. Los juncos se doblan para seguir en pie. ¿Qué haría un personaje que pudiera buscar un refugio o pedir ayuda?

  • ¿Qué conservan los juncos aunque cambien de posición?
  • ¿Qué otras maneras de resistir podría tener un personaje frente a una dificultad?

Una mirada adulta

La apariencia de fragilidad engaña: el junco conserva su forma precisamente porque puede perderla por un momento. El roble identifica resistir con permanecer inmóvil y descubre demasiado tarde que esa no es la única respuesta posible. Leída como imagen de la vida humana, la tormenta marca también un límite de la metáfora. Una fuerza natural no responde por sus actos; las personas y las instituciones sí. La flexibilidad puede preservar la vida sin convertirse por eso en un mandato de obediencia, y la caída de quien resiste no demuestra que su resistencia careciera de valor.

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