Un pavo real despliega su cola mientras una grulla vuela sobre el humedal.

Tradición esópica · Fábula

El pavo real y la grulla

Colores y alas

2 min de lectura6+ años · edad orientativa
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Un pavo real abrió su cola al sol. En las plumas aparecieron círculos azules, verdes y dorados. Se dio una vuelta lenta para admirar cómo cambiaban los colores con la luz.

Por el camino pasó una grulla de plumaje gris. El pavo real la llamó y extendió todavía más su abanico.

—Mira mis plumas. Parece que llevo todos los colores del arcoíris. Las tuyas son del color de las cenizas.

El pavo real despliega su cola brillante ante la grulla gris, que se detiene en el camino a mirarlo.

La grulla se detuvo. Observó la cola brillante y después miró sus propias alas. No trató de inventar colores que no tenía.

—Es cierto —respondió—. Tus plumas son más vistosas que las mías. Pero con estas alas puedo subir muy alto y recorrer el cielo. Tú sigues caminando por aquí, mostrando tu cola.

Abrió las alas grises, tomó impulso y se elevó sobre el camino. El pavo real levantó la cabeza para seguirla. La vio superar los árboles y alejarse hacia las nubes, hasta convertirse en una figura pequeña.

Su cola seguía brillando. No había perdido ninguno de sus colores, pero ya no parecía una prueba de que él fuera mejor en todo. La grulla tenía unas alas que no servían para presumir en el patio: servían para llevarla mucho más allá.

El pavo real, con la cola recogida, mira hacia el cielo donde la grulla es apenas un punto entre las nubes.
Fin

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Con chicos

El pavo real elige sus colores como si fueran la única manera de comparar a las aves. La grulla responde mostrando algo que sus alas le permiten hacer. Podemos admirar una cola brillante y un vuelo sin tener que decidir quién vale más. ¿Qué pasaría si el pavo real mirara el vuelo de la grulla con la misma atención que mira su cola?

  • ¿Cómo podría el pavo real hablar de sus plumas sin rebajar las de la grulla?
  • ¿Qué conversación podrían tener si no estuvieran compitiendo?

Una mirada adulta

La grulla desplaza la mirada desde el brillo de una cola hasta el alcance de unas alas. Su vuelo transforma el espacio de la comparación: el patio donde el pavo real parecía superior queda pequeño al abrirse el cielo. Sin embargo, invertir al vencedor puede conservar la misma necesidad de jerarquizar. El plumaje sigue siendo hermoso y las alas siguen permitiendo viajar; ninguna cualidad pierde su valor porque exista la otra. La réplica desarma la pretensión de ser mejor en todo, aunque también deja expuesta la estrechez de un encuentro convertido en competencia.

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