Un herrero observa a su hábil aprendiz junto a la fragua y la imagen golpeada del demonio.

Tradiciones reunidas en la colección rusa de Ralston · fuente de Afanásiev, versión inglesa de Ralston · Cuento tradicional

El herrero y el demonio

Relatos de la colección de Ralston

3 min de lectura13+ años · edad orientativa
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Un herrero vio en la iglesia una pintura del Juicio Final y encargó una imagen del demonio para la puerta de su taller. Desde entonces, cada mañana la saludaba antes de encender la fragua.

Su hijo heredó el oficio y la herrería cuando el padre murió. Pero cambió el saludo por tres golpes de martillo sobre la frente pintada. Durante años también escupió la imagen cuando la encontraba en la iglesia.

Al amanecer, el herrero levanta el martillo para golpear la frente de un demonio rojo pintado en la puerta de su herrería.

El demonio terminó por cansarse. Se presentó en el taller con aspecto de muchacho y pidió trabajo como aprendiz. Aprendió tan rápido que pronto hacía cosas que su maestro no sabía hacer. El herrero empezó a confiarle el taller entero.

Un día, mientras estaba solo, el aprendiz llamó a una señora mayor que pasaba en su carruaje.

—Aquí volvemos jóvenes a las personas —anunció.

La señora pagó quinientos rublos. El demonio la metió en la fragua; después reunió sus huesos y los puso en leche. De allí salió ella, viva y rejuvenecida.

En la puerta de la herrería, una señora rejuvenecida se toca la cara asombrada mientras el aprendiz sopesa una bolsa de monedas; afuera espera su carruaje.

Volvió a casa y le exigió a su marido que fuera a hacerse lo mismo. El hombre llegó cuando el herrero ya había regresado y el aprendiz había desaparecido.

—No sé hacer eso —explicó el maestro.

Pero el visitante no lo creyó. Si el aprendiz podía, el dueño del taller también debía saber. Lo amenazó con hacerlo azotar si se negaba.

El herrero preguntó al cochero qué había visto y, aterrorizado, intentó repetirlo. El resultado fue terrible: el hombre murió en el fuego y no volvió a levantarse.

Su esposa mandó detener al herrero y llevarlo a la horca. En el camino apareció el aprendiz.

—Puedo devolverle la vida —dijo—. Pero tienes que prometer que vas a dejar de golpearme y escupirme. Quiero el trato que me daba tu padre.

El herrero comprendió quién tenía delante y lo prometió.

En un camino embarrado, el herrero con las manos atadas y escoltado por dos sirvientes mira con temor al aprendiz, que lo espera con la mano en alto.

El demonio volvió al taller. Poco después alcanzó a los servidores llevando consigo al hombre, vivo y joven. Soltaron al herrero y la pareja pudo regresar a su casa.

El aprendiz desapareció para siempre. El herrero conservó su oficio, pero desde entonces dejó en paz la imagen de la puerta.

Fin

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Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de W. R. S. Ralston: un huso y su hilo sobre un libro abierto, junto a tinta y hojas de abedul.
Ilustración de su mundo literario

Traductor y editor

W. R. S. Ralston

William Ralston Shedden Ralston tradujo y estudió relatos tradicionales en Russian Fairy Tales. Su libro acompaña las narraciones con notas sobre las colecciones y localidades de las que proceden. Para esta selección se consultó una edición de Hurst & Co. sin año...

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Con chicos

El aprendiz puede hacer algo que el maestro no sabe repetir. El visitante no acepta esa diferencia y lo amenaza. Después descubrimos que el aprendiz había preparado toda la situación por un conflicto anterior.

  • ¿Qué sabe el visitante sobre el taller y qué supone sin saberlo?
  • ¿En qué momento podría haberse evitado el intento del herrero?

Una mirada adulta

La trampa combina una habilidad excepcional con la falsa idea de que el cargo garantiza saber más que el aprendiz. La presión del cliente convierte esa confusión en peligro. El pacto final resuelve la represalia, aunque deja abierta la discusión sobre las amenazas de todos los participantes.

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