Un cachorro de oro y otro de plata comen pequeñas porciones de pescado en platos de madera.

Hokkaidō (Yezo en la fuente), Japón · tradición ainu · Relato tradicional

Los cachorros de oro y de plata

Relatos ainu · voces registradas en 1886

4 min de lectura8+ años · edad orientativa
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Un pescador tendió su red a través del río y consiguió muchos peces. Mientras trabajaba, un cuervo se posó cerca. Miraba la pesca con tanta hambre que el hombre se compadeció: lavó un pescado y se lo arrojó. El ave lo comió con alegría.

Más tarde volvió. Esta vez habló con voz humana.

En la orilla de un río, un pescador de barba negra arroja un pescado limpio a un cuervo posado sobre un tronco.

—Te agradezco mucho la comida. Si vienes conmigo a ver a mi padre, él también te lo va a agradecer.

El pescador la siguió a pie mientras volaba delante de él. Después de un largo camino llegaron a una casa grande. El cuervo entró y el hombre fue detrás. Adentro, el ave tenía forma de una joven. Junto a ella estaban un anciano y una anciana, los tres de apariencia divina.

El anciano recibió al visitante.

—Te hice venir para recompensarte por haberle dado buen pescado a mi hija. Podría darte tesoros, pero estos cachorros te van a servir más.

Le entregó dos perritos: uno de oro y otro de plata.

En una gran casa con fogón, un anciano de barba blanca entrega dos cachorros, uno dorado y otro plateado, al pescador arrodillado, ante una anciana y una joven.

—El de oro defeca oro; el de plata, plata. Vende esos metales a los funcionarios y te enriquecerás.

El hombre se despidió con respeto y llevó los cachorros a su casa. Les daba buena comida, poco a poco. El perrito de oro producía oro y el de plata producía plata. Vendiendo esos metales, el pescador se volvió rico.

Otro hombre quiso imitarlo. Puso su red en el río, reunió una buena pesca y esperó al cuervo. Cuando llegó, embarró un pescado y se lo tiró. El ave se alejó con él, y el hombre la siguió hasta la gran casa.

Un hombre de mirada calculadora arroja con desprecio un pescado embarrado a un cuervo que se aparta sobre un tronco.

Esta vez el anciano estaba furioso.

—Le diste a mi hija un pescado cubierto de barro. Eso muestra un mal corazón. Aun así, ya que viniste, te voy a dar dos cachorros. Si los tratas bien, te van a servir.

Le entregó uno de oro y otro de plata. El hombre hizo una reverencia y se marchó.

En su casa empezó a pensar cómo conseguir metales más rápido.

—Si les doy mucha comida, van a producir mucho. ¿Para qué conformarme con un poquito cada vez?

Los alimentó sin medida y les dio cualquier cosa, hasta alimentos sucios. Pero los perros no produjeron oro ni plata: solo excrementos. La suciedad fue llenando la casa, hasta que nadie quería entrar.

En una casa sucia y desordenada, el vecino mira con las manos vacías a dos cachorros hinchados, rodeados de platos repletos de restos.

El primer pescador siguió dándoles a sus cachorros buena comida, en pequeñas cantidades. Los metales llegaban poco a poco y su riqueza crecía.

Así termina lo que se contaba: los dioses se enojaban con quienes actuaban mal, y hasta un cachorro de oro podía darles solamente suciedad. Por eso el relato pide que las personas no tengan mal corazón.

Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un río arbolado y un zorro a la orilla, con la luz reflejada como ondas de una voz.
Ilustración de su mundo literario

Narrador oral ainu

Ishanashte

Ishanashte es uno de los narradores ainu identificados por Basil Hall Chamberlain en Aino Folk-Tales. El prefacio lo vincula con Shumunkot, y las notas de los cuentos registran narraciones suyas de 1886. Quince relatos de esta selección proceden de versiones que Chamberlain...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Para conversar con chicos

Los dos hombres reciben cachorros, pero no los cuidan de la misma manera. El segundo todavía tiene una oportunidad después de entregar el pescado embarrado; lo que hace en su casa cambia el resultado. Puedes mirar la calidad y la cantidad de la comida, además de lo que cada uno espera conseguir.

  • ¿Qué oportunidad recibe el segundo hombre aunque el anciano esté enojado?
  • ¿Por qué dar más no significa, en este caso, cuidar mejor?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La repetición pone la diferencia en el trato concreto, no solo en el deseo de obtener riqueza. El segundo visitante recibe los mismos animales y una advertencia: su fracaso no estaba consumado al entrar. La materia del premio se vuelve residuo cuando intenta acelerar la producción sin cuidado. La explicación moral pertenece a esta economía maravillosa; no permite concluir que la pobreza real sea consecuencia de un mal corazón.

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