Una rata roe el pescado colgado de unos palos en un depósito oscuro.

Hokkaidō (Yezo en la fuente), Japón · tradición ainu · Relato tradicional

El niño que era una rata

Relatos ainu · voces registradas en 1886

4 min de lectura14+ años · edad orientativa
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En una aldea vivía una pareja rica que deseaba tener un hijo. Un día, mientras buscaba leña en las montañas, la mujer encontró a un niño llorando junto a un árbol. Lo llevó a su casa con alegría, y desde entonces lo criaron.

Aquella era una tierra de peces y venados. Sin embargo, dejaron de conseguir alimento. Por más que cazaban, no atrapaban venados; por más que pescaban, no sacaban peces. El hambre empezó a apremiarlos.

Junto a los secaderos vacíos, el esposo vuelve sin pesca mientras la mujer se preocupa y el niño los mira tranquilo.

La mujer oyó que en una aldea vecina, hacia las montañas, abundaban la pesca y la caza. Fue a comprar provisiones y llevó al niño consigo.

En la casa del jefe vio pescado y carne colgados de unos palos. Se le llenaron los ojos de lágrimas al mirarlos. La hicieron entrar y la convidaron con los mejores trozos. Después se acostó junto al niño.

En la casa del jefe, la mujer llora de emoción ante el pescado colgado mientras el niño mira la comida con avidez.

A mitad de la noche, él se levantó sin ruido. Entonces la mujer oyó a una rata roer los alimentos colgados. Le pareció extraño. Al amanecer, el niño volvió despacio, se acostó a su lado y siguió durmiendo.

Cuando el jefe salió, encontró su comida mordisqueada.

—Nunca vi ratas como estas —murmuró—. Me arruinaron el buen pescado y la buena carne.

La mujer compró sus provisiones y emprendió el regreso. Quería que el niño caminara delante de ella, pero él insistía en ir atrás. Desde su espalda volvió a oír el ruido de una rata royendo la carga. Se dio la vuelta: el niño sonreía.

En un sendero de montaña, la mujer cargada se da vuelta con sospecha y ve al niño sonriendo detrás de ella.

Ya en su casa, guardó el alimento y habló en voz baja con su esposo. Él fue a otra habitación, fabricó una trampa y la puso en el depósito.

Esa noche el niño se acostó entre los dos. Al rato se levantó y salió. No regresó.

Por la mañana, el hombre encontró una rata grande atrapada en el depósito. La sacó, la mató a golpes y la arrojó al montón de basura.

Esa noche se le apareció en sueños una figura divina.

—Ustedes querían tener un hijo —le dijo—. La más dañina de las ratas lo vio, tomó forma de niño y se quedó en su casa. Por su presencia, la aldea quedó contaminada. Ahora que murió, todo volverá a estar bien. Me dan pena: tendrán un hijo.

La promesa se cumplió y la pareja tuvo un hijo.

Junto al hogar, la pareja contempla a su bebé recién nacido; afuera vuelven a colgar los pescados.

El relato cierra con una advertencia severa: no recibir en la casa a un niño ni a un cachorro encontrado en la costa, en el monte o en cualquier otro lugar sin conocer su origen. Ese es el consejo que conserva esta historia antigua.

Fin

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un sendero junto al río entre árboles, un pequeño ratón y la luz de la mañana; símbolo de historias vinculadas con Penri.
Ilustración de su mundo literario

Narrador oral ainu de Piratori

Penri

Penri figura en Aino Folk-Tales como jefe de Piratori y narrador de varias historias registradas por Chamberlain. Tres cuentos de esta selección llevan su nombre y fechas de julio de 1886. Una investigación del Museo de Hokkaidō lo identifica como Penriuk y...

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Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Para conversar con chicos

La mujer va reuniendo pistas: oye ruidos de noche, observa cuándo vuelve el niño y escucha lo que pasa detrás de ella. Podemos conversar sobre la diferencia entre observar algo y adivinarlo. El mundo de esta historia tiene transformaciones mágicas; su final no es una razón para desconfiar de un chico real que necesita ayuda.

  • ¿Qué hechos hacen que la mujer quiera hablar con su esposo?
  • ¿A quién podrías pedir ayuda si encontraras a un niño solo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El deseo de filiación se convierte en puerta de entrada de una amenaza que el relato confirma mediante el sueño. Esa estructura puede producir un rechazo indiscriminado hacia la infancia de origen desconocido si se transmite su remate como regla vigente. Mantenerlo atribuido a la narración permite examinarlo sin borrarlo. También importa que la violencia letal no se presente como una simple retirada del impostor: el hombre mata a la rata.

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