Un viajero monta un caballo de oro al pie de un gran roble, bajo un cielo de nubes.

Hokkaidō (Yezo en la fuente), Japón · tradición ainu · Relato tradicional

El caballo de oro y la esposa perdida

Relatos ainu · voces registradas en 1886

4 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Un hombre había perdido a su esposa y no dejaba de buscarla. Recorrió montañas, valles, bosques y playas, hasta llegar a una llanura muy ancha. En medio de ella crecía un roble.

Se acercó y descubrió que era algo más que un árbol: era una casa. Adentro vivía un anciano de aspecto bondadoso.

—Soy el dios del roble —le dijo—. Sé lo que perdiste y vi cómo buscabas. Descansa, come y fuma un poco. Después, si quieres encontrar a tu esposa, vas a tener que hacer lo que te indique.

Dentro de un roble enorme convertido en casa, un anciano de barba blanca ofrece comida y una pipa a un viajero cansado junto al fuego.

El dios le dio un caballo de oro. También eran de oro la montura y todos sus arreos.

—Móntalo, sube al cielo y recorre las calles cantando sin parar.

Apenas el hombre se sentó en la montura, el caballo levantó vuelo. Arriba encontró un mundo parecido al suyo, pero más hermoso, y una ciudad inmensa. Durante días cabalgó de una calle a otra, cantando todo el tiempo.

Los habitantes del cielo lo miraban y se tapaban la nariz.

—¡Qué olor tiene esa criatura del mundo de abajo!

Un hombre canta montado en un caballo de oro por una calle de una ciudad sobre las nubes, mientras sus habitantes se tapan la nariz.

El olor llegó a resultarles tan insoportable que el dios principal fue a hablar con él.

—Haremos que encuentres a tu esposa. Pero, por favor, vete.

El hombre volvió a la tierra en el caballo de oro. Bajó junto al roble y le contó a su dios lo ocurrido.

—Hice todo lo que me dijiste, pero no encontré a mi mujer.

—Espera un momento —respondió el anciano—. No sabes el alboroto que causaste. Tampoco te dije todavía que un demonio la secuestró. Desde el mundo de abajo te vio pasear por el cielo cantando, y quedó tan sorprendido que sigue mirando hacia arriba. Mientras está distraído, voy a entrar por otro lado y sacarla de la caja donde la tiene encerrada.

El dios del roble cumplió su promesa. Regresó con la mujer y la reunió con su esposo. También les dejó el caballo de oro.

Al pie del gran roble, el hombre y su esposa se abrazan llorando de alegría mientras el anciano sonríe y el caballo de oro pasta cerca.

—No lo uses para volver al cielo. Quédate en la tierra y haz que tenga crías.

La pareja siguió sus indicaciones y llegó a ser muy rica. El caballo de oro tuvo dos crías; estas tuvieron otras, y sus descendientes se multiplicaron hasta llenar la tierra ainu.

Frente a una casa de techo de paja, la pareja contempla al caballo de oro con dos potrillos dorados y otros caballos dorados a lo lejos en la llanura.
Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un río arbolado y un zorro a la orilla, con la luz reflejada como ondas de una voz.
Ilustración de su mundo literario

Narrador oral ainu

Ishanashte

Ishanashte es uno de los narradores ainu identificados por Basil Hall Chamberlain en Aino Folk-Tales. El prefacio lo vincula con Shumunkot, y las notas de los cuentos registran narraciones suyas de 1886. Quince relatos de esta selección proceden de versiones que Chamberlain...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Para conversar con chicos

La tarea parece extraña: cantar en una ciudad no se parece a buscar a alguien. Sin embargo, sirve para que el dios del roble pueda acercarse al lugar del encierro. El hombre hace una parte del trabajo sin conocer el plan entero. Puedes seguir quién sabe cada cosa y cuándo la explica.

  • ¿Por qué el hombre cree que su viaje no dio resultado?
  • ¿Qué hace posible el rescate mientras él está en el cielo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La búsqueda insistente no desemboca en una victoria individual: necesita la lectura estratégica de una divinidad. El canto y el olor vuelven al visitante imposible de ignorar, y esa visibilidad protege una acción que debe pasar inadvertida. El relato cambia luego de escala: del reencuentro de una pareja a la multiplicación de los caballos. La esposa vuelve, pero no recibe una voz propia para narrar el encierro.

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