Costado de Hierro conversa con su hermana entre los juncos junto al río.

Cabo oriental · recopilación de George McCall Theal (1886) · Cuento tradicional

Costado de Hierro y su hermana

Relatos del Cabo oriental recogidos por Theal

6 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Una mujer llevó a su hija pequeña al huerto y la dejó a la sombra de un árbol mientras trabajaba. Al mediodía llegaron dos pájaros, levantaron a la niña y se la llevaron sobre un gran río.

La pequeña llamó a su madre, pero ella no imaginó lo que estaba pasando. No notó la ausencia hasta la tarde. Buscó por todas partes y preguntó a los vecinos. Algunos habían oído a la niña gritar que se iba con los pájaros.

Dos grandes pájaros oscuros vuelan sobre un río ancho llevando entre ellos a una niña pequeña que estira el brazo hacia la tierra.

Las aves la dejaron con cuidado entre las calabazas de una llanura. Cerca vivía un pueblo de devoradores de personas cuyos habitantes tenían una pierna mucho más larga que la otra. Aquella noche, su jefe soñó con una niña en el campo y al amanecer envió a buscarla.

Ella intentó esconderse entre las plantas, pero ya la habían visto. El jefe la puso al cuidado de su madre. Cuando la niña creció, la tomó por esposa. Tuvieron dos hijos: uno tenía las piernas del mismo largo, como ella; el otro, una más larga que la otra, como el padre.

Algunos habitantes temían que el primero pudiera dar origen a un pueblo más fuerte que ellos. Convirtieron esa diferencia en una razón para proponer su muerte y comer su cuerpo. Al final consiguieron el consentimiento del jefe.

Lejos de allí, la madre que había perdido a su hija tuvo un varón. Uno de sus costados era de carne y el otro de hierro. Le contó la desaparición de su hermana, y cuando él fue adulto salió a buscarla.

Llegó a un río crecido, lo golpeó con una vara de hierro y gritó:

—Río, no tengo a mi hermana. ¡Quédate vacío!

El agua desapareció y Costado de Hierro cruzó. Más adelante se escondió entre los juncos del arroyo donde el pueblo buscaba agua. Su hermana llegó con un recipiente, y él la reconoció.

Costado de Hierro, con la mitad del cuerpo de hierro, levanta su vara mientras el agua del río crecido se retira y deja el cauce al descubierto.

Ella nunca lo había visto. Él le explicó quién era, y la mujer le advirtió que lo devorarían si entraba sin que alguien lo presentara. Acordaron que se cubriría de barro, subiría a una colina y aparecería desde allí.

Cuando lo vio bajar, ella anunció dos veces:

—Ahí viene el servidor de la esposa del jefe.

Desde la aldea, la hermana alza el brazo hacia Costado de Hierro, que baja de una colina cubierto de barro gris.

Le extendieron una estera frente a su casa y luego lo dejaron entrar. Al día siguiente salió de cacería con los demás y consiguió más animales que todos ellos. Eso despertó su envidia.

Poco después, uno de los habitantes, compadecido, fue a advertirle a la mujer que pensaban matar a su hija. Costado de Hierro escuchó el aviso. Le dijo a su hermana que se arrancara mechones de pelo y los dispersara en distintas direcciones. Ella lo hizo. Después los tres huyeron.

De noche, la hermana deja volar mechones de su pelo al viento mientras Costado de Hierro sostiene a la niña, listos para huir.

Cuando fueron a buscar a la niña y la llamaron por su nombre, los mechones respondieron con su voz. Los perseguidores se confundieron, mientras los fugitivos ganaban distancia.

Los tres cruzaron el gran río. La niña temblaba, pero él intentó tranquilizarla. Desde la otra orilla golpeó el cauce con su vara.

—Río, encontré a mi hermana. ¡Vuelve a llenarte!

Al amanecer, Costado de Hierro golpea el cauce y el río vuelve a llenarse mientras su hermana abraza a la niña en la orilla.

El agua subió hasta lo alto de las barrancas. Llegó un grupo de perseguidores. Costado de Hierro les arrojó una soga, y ellos la tomaron creyendo que los ayudaría a cruzar. Cuando estaban en medio de la corriente, él la soltó. Todos se ahogaron.

Otro grupo llegó después y preguntó por sus compañeros. Costado de Hierro dijo que habían ido a un paso río abajo. Ellos no le creyeron y regresaron a su pueblo. Allí descubrieron quién había dado el aviso y lo mataron para comérselo.

Costado de Hierro llevó a su hermana hasta la casa materna. Su madre la recibió con enorme alegría: durante todos aquellos años nunca la había olvidado.

La madre abraza llorando de alegría a su hija adulta frente a una choza; la nieta y Costado de Hierro miran sonriendo.
Fin

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Detrás de esta historia.

Un libro abierto, hojas sueltas con manchas de color y una pluma bajo un árbol, ante un paisaje de agua y montañas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor

George McCall Theal

George McCall Theal dirigió la recopilación y edición de relatos del Cabo oriental publicada en la edición de 1886 que consultamos. En su prefacio reconoce el trabajo de narradores, copistas y revisores locales, muchos sin nombre individual. Las historias proceden principalmente de...

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Para reflexionar

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Con chicos

La madre conserva el recuerdo de su hija y se lo transmite al hermano. El rescate es posible también porque alguien del pueblo se atreve a avisar del peligro, aunque ese gesto tiene un desenlace terrible.

  • ¿Por qué necesitan presentar a Costado de Hierro antes de que entre?
  • ¿Qué cambia entre las dos órdenes que le da al río?

Una mirada adulta

El relato distingue una alianza dentro del pueblo amenazante: el informante no comparte el plan de los otros y paga con su vida. La reunión familiar convive con esa pérdida y con una huida cuyo destino deja a otro hijo fuera de escena. Las diferencias corporales pertenecen al sistema fantástico del texto, no justifican jerarquías humanas.

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