Demane abre la bolsa para liberar a Demazana mientras las abejas vuelan cerca de los hermanos.

Cabo oriental · recopilación de George McCall Theal (1886) · Cuento tradicional

Demane y Demazana

Relatos del Cabo oriental recogidos por Theal

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Los mellizos Demane y Demazana habían perdido a sus padres. Como sus parientes los maltrataban, huyeron y buscaron un lugar donde vivir.

Encontraron una cueva con dos aberturas que dejaban entrar el aire y la luz. La entrada tenía una puerta fuerte que podía cerrarse desde adentro. Demane salía a cazar y su hermana se quedaba allí.

—Mientras no esté, no ases carne —le pidió él—. El olor puede atraer a los devoradores de personas.

En la entrada de una cueva con puerta de madera, un muchacho con una lanza le advierte algo a su hermana, que lo escucha desde el umbral.

Un día Demazana puso carne de búfalo sobre el fuego. Zim, uno de aquellos seres, sintió el olor y llegó a la cueva. Como la puerta estaba cerrada, intentó imitar la voz del hermano y cantó:

—Demazana, hija de mi madre, ábreme esta cueva donde entran las golondrinas, esta cueva de dos aberturas.

Ella escuchó.

—No eres mi hermano. Tu voz es distinta.

Zim se alejó y volvió al rato con otro tono. Demazana lo rechazó otra vez: todavía tenía la voz demasiado ronca.

Dentro de la cueva, la niña escucha con desconfianza junto a la puerta cerrada mientras se asa carne en el fuego; por una rendija asoma el ojo de un gigante.

Entonces fue a consultar a otro devorador. No le contó a quién quería capturar, por miedo a tener que compartirla. Solo preguntó cómo conseguir lo que buscaba. El otro le aconsejó quemarse la garganta con un hierro caliente. Zim lo hizo y su voz cambió.

Regresó y repitió la canción. Esta vez Demazana creyó que era Demane y abrió. Zim la atrapó y se la llevó, pero ella fue dejando caer cenizas a lo largo del camino.

Demane volvió de cazar. Aquel día solo había conseguido un enjambre de abejas. Encontró la cueva vacía, adivinó el peligro y siguió el rastro de cenizas hasta la casa de Zim.

Un muchacho camina deprisa por una colina siguiendo una línea de cenizas en el pasto, con una bolsa de la que salen algunas abejas.

La familia del devorador había salido a juntar leña. Zim estaba solo y acababa de encerrar a Demazana en una bolsa grande, para retenerla hasta que estuviera listo el fuego.

—Dame agua, padre —pidió Demane.

—Te doy, si prometes no tocar esa bolsa.

El muchacho prometió. Apenas Zim salió a buscar agua, abrió la bolsa, liberó a su hermana y puso las abejas adentro. Después los dos se escondieron.

Zim regresó al mismo tiempo que su esposa, su hijo y su hija, que traían la leña. Mandó a la hija a buscar la bolsa.

—Hay algo rico ahí.

La joven metió la mano y recibió una picadura.

—¡Muerde! —gritó.

El hijo probó después, y luego la esposa. A todos les ocurrió lo mismo. Zim se enojó, los echó afuera y trabó la entrada con un bloque de madera. Iba a abrir la bolsa él mismo.

En una choza oscura, una joven gigante retira de golpe la mano de una gran bolsa mientras su madre y su hermano se sacuden los dedos y el ogro, enojado, los echa.

Las abejas salieron en un enjambre y le picaron la cabeza y los ojos. Zim ya no podía ver. Se abrió paso por un agujero del techo de paja y salió dando alaridos.

Corrió hasta caer de cabeza en una laguna. Quedó clavado en el barro y se convirtió en un tocón. Las abejas se instalaron allí, pero nadie podía sacarles la miel: cualquier mano que lo intentara quedaba pegada.

En una laguna rodeada de juncos se alza un tocón retorcido con un panal de abejas; desde la orilla, un chico lo observa a distancia.

Demane y Demazana tomaron los muchos bienes que Zim había dejado. Los dos hermanos, que habían llegado sin nada a la cueva, se hicieron ricos.

Los mellizos, sonrientes, bajan una colina arreando vacas de cuernos largos y cargando vasijas y cueros.
Fin

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Detrás de esta historia.

Un libro abierto, hojas sueltas con manchas de color y una pluma bajo un árbol, ante un paisaje de agua y montañas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor

George McCall Theal

George McCall Theal dirigió la recopilación y edición de relatos del Cabo oriental publicada en la edición de 1886 que consultamos. En su prefacio reconoce el trabajo de narradores, copistas y revisores locales, muchos sin nombre individual. Las historias proceden principalmente de...

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Para reflexionar

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Con chicos

Demazana deja una señal mientras se la llevan. Demane puede encontrarla porque reconoce y sigue ese rastro. El rescate necesita de las acciones de los dos.

  • ¿Qué hace Demazana aun cuando parece no tener salida?
  • ¿Por qué las abejas sirven más que una presa de caza en esta ocasión?

Una mirada adulta

La amenaza llega mediante la imitación de una voz familiar. El rescate invierte esa estrategia: Zim confía en una apariencia conocida, la bolsa, cuyo contenido ya cambió. La iniciativa de la hermana evita reducirla al error que abre la puerta.

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