Pequeños pájaros vuelan bajo sobre la llanura mientras un niño escucha desde la puerta de su casa.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Leyenda tradicional

Los pájaros que llaman a su padre

Un grito que vuelve sobre la llanura

2 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Una madre pájaro empollaba en su nido con el corazón triste. Su compañero había salido por la mañana y no había vuelto. Cuando los pequeños se movieron y pidieron comida, ella abrió las alas, abatida, y fue a buscar alimento para que no pasaran hambre.

El padre tampoco regresó al día siguiente ni a los que vinieron después. La madre tuvo que conseguir sola todo lo que sus crías necesitaban. Cada jornada le costaba más y cada jornada esperaba en vano.

En un nido entre los pastos, la madre pájaro da de comer a cuatro pichones mientras mira el cielo vacío.

Los pichones crecieron, se fortalecieron y aprendieron a volar. Pero la pena y el esfuerzo habían debilitado tanto a su madre que ya estaba muriendo. Los pequeños se apretaron a su alrededor y le preguntaron qué podían hacer para ayudarla.

Con el último aliento, ella les pidió:

—Llamen… llamen a su padre.

Al atardecer, cuatro pájaros jóvenes se aprietan alrededor de su madre, débil y con los ojos entrecerrados, para escucharla.

Los pájaros salieron a volar bajo sobre la llanura.

—Paw hüey, paw hüey —llamaban: «¡Oh, padre! ¡Oh, padre!».

Los chicos que se quedaban solos en sus casas mientras sus padres trabajaban en los arrozales oyeron aquel lamento. Se pusieron a llorar y respondieron:

—Paw hüey, maa hüey: «¡Oh, padre! ¡Oh, madre!».

En la galería de una casa sobre pilotes, dos niños lloran y llaman hacia la llanura, donde pasan volando bajo cuatro pajaritos.

Nunca encontraron al padre pájaro. La historia dice que los pequeños todavía cruzan la llanura a poca altura, llamándolo con sus voces tristes, y que los chicos que se sienten solos siguen respondiendo a su llamado.

Fin

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Con chicos

Los pequeños quieren ayudar a su madre, pero no pueden resolver solos la ausencia de otro adulto ni todo el trabajo del cuidado. Su llamado expresa cuánto necesitan compañía. El cuento no trae al padre de vuelta; podemos acompañar esa tristeza sin pedirles a las crías que sean responsables de lo sucedido.

  • ¿Qué ayuda habría necesitado la madre antes de quedar tan agotada?
  • ¿Qué podría hacer una persona de confianza al escuchar a un chico que se siente solo?

Una mirada adulta

El canto se vuelve memoria de un cuidado sostenido sin apoyo. La repetición entre aves y niños comunica la ausencia sin resolverla y deja un final de búsqueda persistente. Una lectura acompañada puede reconocer el sufrimiento sin convertir a los hijos en responsables del bienestar de sus cuidadores ni confundir una jornada de trabajo familiar con el abandono irreversible del padre del relato.

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