El anciano baja una copa de oro atada a un bastón hacia una pequeña abertura en la roca, ante el gobernante y sus acompañantes.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Leyenda tradicional

El pozo de la montaña

Un camino visto primero en un sueño

4 min de lectura10+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

El chow de una gran provincia estaba enfermo. Habían llamado a médicos de muchos lugares, pero ninguno podía curarlo ni comprender qué le sucedía. Un día se presentó un anciano y pidió verlo: decía que traía un mensaje de los espíritus.

Lo dejaron entrar y el viejo se acercó al gobernante.

En una sala de madera, el gobernante enfermo, recostado sobre almohadones, escucha a un anciano arrodillado con las palmas juntas.

—Anoche tuve una visión mientras estaba acostado —le contó—. Un espíritu me tocó y me llevó hasta la orilla del río. Allí me esperaba un bote. Subí, y unas manos que no podía ver lo hicieron avanzar rápidamente corriente abajo.

De noche, un bote de madera navega solo y veloz por un río iluminado por la luna, con el anciano asombrado a bordo.

»Al cabo de un rato nos detuvimos al pie de una montaña alta. El espíritu me guio por la ladera, aunque no había sendero alguno. En la cumbre encontré dos grandes paredes de roca y, entre ellas, una entrada parecida a la puerta de una ciudad.

»Después me llevó al otro lado de la montaña y me indicó que subiera por una roca donde nadie había pisado. Bien arriba vi una abertura pequeña, como la boca de un pozo. Me acosté sobre la piedra y estiré todo el brazo, pero no alcancé el fondo.

»Miré mejor y encontré, junto a la abertura, una copa atada a la punta de una vara. Con ella pude sacar agua limpia. Iba a beberla cuando el espíritu me detuvo. Me ordenó venir a decirte que solo esa agua te curaría. Por eso estoy aquí, príncipe: para llevarte hasta el lugar.

El chow le creyó. Mandó preparar los botes y reunió a muchos servidores. Con el anciano como guía, emprendieron el viaje en busca del pozo.

Todo ocurrió como en la visión. Navegaron hasta el pie de una montaña alta y desembarcaron donde el viejo les indicó. Él avanzó sin equivocarse por una ladera sin caminos. El gobernante lo siguió apoyado en los brazos de dos hombres fuertes.

En una ladera empinada y sin sendero, el anciano guía el camino mientras el gobernante sube sostenido por dos hombres; abajo esperan los botes.

Encontraron las paredes de piedra y la entrada que el anciano había descrito. Después de una subida larga y agotadora, alcanzaron la abertura en la roca.

El viejo tomó el bastón del chow, ató a su extremo la copa de oro que el gobernante usaba para beber y la hizo bajar dentro del pozo. Cuando la levantó llena, se la ofreció.

El chow bebió y se echó agua en la cabeza y las manos. La leyenda cuenta que su enfermedad desapareció y que quedó como un hombre nuevo. También dice que, desde entonces, la gente acudía a aquella agua buscando curarse.

Junto al pozo en la cumbre, el gobernante, ya erguido y sonriente, se echa agua de una copa de oro sobre la cabeza ante el anciano y sus servidores.
Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El anciano conoce en un sueño un camino que después encuentra en la montaña. Cada detalle reconocido fortalece la confianza de quienes lo acompañan. Es una curación maravillosa dentro de un cuento: en la vida real, una enfermedad necesita atención adecuada, aunque una historia nos ayude a hablar de la esperanza.

  • ¿Qué detalles permiten comparar el sueño con el viaje?
  • ¿Qué tareas hacen los acompañantes para que el chow pueda llegar hasta el pozo?

Una mirada adulta

La repetición exacta del itinerario funciona como verificación interna de la visión. El agua no aparece como un recurso aislado: llegar a ella exige guía, transporte, apoyo físico y un instrumento para alcanzar la abertura. La leyenda explica el prestigio curativo de un lugar, pero no ofrece evidencia médica sobre sus aguas ni permite identificar una enfermedad concreta.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.