El ladrón come a escondidas el melón bajo su pañuelo mientras el horticultor camina detrás.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Cuento tradicional

El ladrón que se comió la prueba

Un melón desaparece camino al juez

2 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Un hombre entró en la huerta de otro y robó un melón. Antes de que pudiera comerlo, el horticultor lo descubrió. Recuperó la fruta, se la ató al cuello y lo llevó ante el jefe de la aldea.

El ladrón caminaba adelante. Por el camino se cubrió la cabeza y los hombros con su pañuelo. Debajo de la tela, sin que el dueño lo viera, fue comiéndose el melón.

Cuando llegaron a la casa del jefe, el horticultor presentó su acusación.

—Este hombre me robó un melón. Lo lleva atado al cuello, debajo del pañuelo.

Desde la galería de su casa sobre pilotes, el jefe escucha con seriedad; abajo, el horticultor señala al ladrón, que, envuelto en su pañuelo, pone cara de inocente.

El ladrón se mostró sorprendido.

—Yo creía que este hombre simplemente venía caminando conmigo. No sabía que iba a acusarme de semejante falta. Si robé un melón, ¿dónde está?

Se quitó el pañuelo. No había fruta a la vista.

El jefe miró y no encontró la prueba que esperaba.

—No veo ninguna señal de culpa —le dijo al horticultor—. No vuelvas a acusar falsamente a una persona, o serás castigado.

El ladrón se quita el pañuelo y muestra que no lleva nada, con sonrisa satisfecha; el horticultor lo mira boquiabierto y el jefe lo reprende con el dedo levantado.

Así terminó el reclamo: el ladrón había comido el melón y el dueño recibió la amenaza.

Fin

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Para reflexionar

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Con chicos

Nosotros vimos el robo y sabemos cómo desapareció el melón. El jefe solo mira el resultado y toma una decisión sin preguntar por el camino. El final es injusto; entender cómo funcionó la trampa no significa aplaudir al ladrón.

  • ¿Qué podría haber preguntado el jefe antes de amenazar al horticultor?
  • ¿Por qué no encontrar el melón no demuestra que nunca hubo un robo?

Una mirada adulta

La prueba visible se consume durante el traslado y la ausencia del objeto se transforma, equivocadamente, en prueba de falsedad de la denuncia. La rapidez de la autoridad completa el engaño iniciado por el ladrón. El cuento no ofrece reparación ni castigo posterior; deja al lector ante una injusticia producida por una inferencia apresurada.

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