Una pareja se refugia bajo un templo elevado mientras cae una lluvia intensa.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Cuento tradicional

La hija que nunca existió

Una hospitalidad comprada con una promesa

3 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Un hombre y su mujer viajaron un día entero hasta el mercado para vender sus mercaderías. Al volver, los sorprendió una lluvia muy fuerte. Apuraron el paso y, al llegar a un templo, le pidieron refugio al religioso que estaba a cargo.

Él no los dejó entrar. La pareja le rogó que al menos les permitiera dormir bajo el techo, junto a la escalera, pero también se negó. Enojados, se metieron debajo del edificio y se quedaron allí.

El religioso se acostó sobre su estera, en la habitación que quedaba justo encima de los viajeros. Desde abajo oyó al hombre hablarle a su esposa.

—Qué bueno será volver a ver a nuestra hija, tan joven y hermosa. Espero que esté bien.

De noche, el religioso levanta la cabeza de su estera y acerca el oído a las tablas del piso.

Al escuchar aquello, el religioso se levantó de inmediato.

—¡Suban, buena gente! —llamó—. Pueden dormir dentro del templo. Aquí tienen esteras para descansar.

La pareja entró y siguió hablando de la belleza de su hija. Finalmente, el anfitrión les hizo una pregunta.

—Cuando deje el templo y quede libre de mis votos, ¿me darán a su hija por esposa?

El marido miró a la mujer.

—Nos parece bien —respondió.

En el templo, el religioso se inclina ansioso hacia la pareja mientras el marido mira de reojo a su esposa, que esconde una sonrisa.

A la mañana siguiente quisieron preparar arroz al vapor, pero no tenían olla. El religioso les ofreció la suya y hasta insistió en que encendieran el fuego con la madera que sostenía las ramas del Po, el árbol sagrado del templo.

Cuando los viajeros estuvieron listos para partir, les entregó comida, plata y oro.

En el patio del templo, el religioso entrega plata, oro y comida al marido mientras arde un fuego bajo la olla junto al gran árbol sagrado.

—Pronto dejaré la vida religiosa e iré a casarme con su hermosa hija —les anunció.

Tres días después, el hombre y la mujer regresaron. Traían una noticia terrible: según dijeron, su hija había muerto. Pasaron largo rato lamentándose con el religioso.

—Seguiré siendo fiel a mi amor por ella —juró él—. Nunca abandonaré mis votos.

La pareja volvió a su casa, gastó la plata y el oro que había recibido y se rio de lo ocurrido. Jamás había tenido una hija.

En su casa, la pareja se ríe mientras cuenta monedas de plata y oro y muestra una tela nueva.
Fin

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Con chicos

La pareja encuentra una manera de cambiar el trato del religioso: inventa a alguien con quien él desea casarse. El refugio aparece entonces ligado a una ventaja que espera recibir. Para lectores adolescentes, el cuento permite pensar tanto en la hospitalidad negada como en el daño de una mentira, sin necesitar elegir un personaje completamente inocente.

  • ¿Qué cambia en el religioso entre la primera petición de refugio y la conversación sobre la hija?
  • ¿Por qué la pareja inventa una muerte después de haber recibido los regalos?

Una mirada adulta

La sátira expone una generosidad condicionada por el deseo: el mismo anfitrión que niega un rincón cubierto termina ofreciendo bienes y madera sagrada. La hija inexistente circula como promesa negociada sin voz propia, y su supuesta muerte permite conservar el beneficio sin cumplir el acuerdo. La fuente no castiga a los estafadores ni revela el fraude al religioso; esa falta de reparación es parte del final.

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