El médico descubre la farsa de Pedro y Marta, que yacen inmóviles sobre unas esteras.

Tradición tagala · Pagsanjan, Laguna, Filipinas · Relato tradicional

Pedro y Marta se hacen los muertos

Relatos de Filipinas

4 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Pedro llevaba más de nueve años trabajando en casa de un médico. Quería casarse, pero no tenía cómo mantener un hogar. Su patrón lo vio triste y le preguntó qué le pasaba.

Cuando lo supo, lo ayudó a celebrar la boda con Marta. Además les dio una casita cerca de su propiedad y doscientas monedas de oro.

Frente a una casita de bambú, el médico entrega una bolsa de monedas a Pedro mientras Marta, con flores en el pelo, se tapa la boca de alegría.

—¿Qué vamos a hacer cuando se termine el dinero? —preguntó ella.

—Le pedimos más al médico —respondió Pedro.

Pasaron los años y las monedas se acabaron. El médico les dio otras veinte, que tampoco duraron mucho. Entonces Pedro y Marta idearon una manera distinta de conseguir ayuda.

Una mañana Pedro se frotó los ojos con jugo de cebolla y fue llorando a casa de su antiguo patrón.

Dentro de la casita, Pedro se frota los ojos con una cebolla y llora, mientras Marta contiene la risa tapándose la boca.

—Marta murió y no tengo con qué pagar el entierro.

El médico se entristeció.

—¿Por qué no me llamaste cuando enfermó? —preguntó. Después le entregó dinero para el funeral.

Pedro regresó a la casa, donde Marta lo esperaba en la puerta. Un mes después volvieron a quedarse sin nada.

Esta vez fue ella quien salió llorando. Visitó a una hermana del médico para la que ambos habían trabajado de vez en cuando.

—Pedro murió —le dijo—. No puedo pagar su entierro.

La mujer le dio dinero y le pidió que también hiciera celebrar misas por su esposo.

En una sala de piso de piedra, Marta se seca los ojos mientras la hermana del médico, conmovida, le pone unas monedas en la mano.

Esa noche el médico fue a ver a su sobrino, que estaba enfermo. Su hermana le contó la muerte de Pedro.

—No —respondió él—. La que murió fue Marta.

De noche, a la luz de una lámpara, el médico y su hermana discuten frente a frente mientras un niño los mira desde la cama y un criado espera en la puerta.

Discutieron un buen rato y mandaron a un criado a comprobarlo. Pedro lo vio venir y le dijo a Marta que se acostara sin moverse. El criado encontró al hombre junto a la cama de su esposa aparentemente muerta.

Volvió con esa noticia, pero la hermana no le creyó. Enviaron a otro criado. Ahora fue Pedro quien se acostó tieso y Marta quien abrió la puerta. El segundo mensajero regresó con la noticia contraria.

Al día siguiente, el médico y su hermana fueron juntos. Encontraron a los dos tendidos, quietos como si ninguno respirara.

El médico se acercó a examinarlos y descubrió la farsa. Pero en vez de enojarse, sintió tanta alegría de encontrarlos vivos y le causó tanta gracia el engaño que los llevó a su casa. Allí se quedaron con él, después de haber recibido dinero por dos entierros que nunca habían ocurrido.

Fin

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Con chicos

Cada visitante encuentra una escena distinta. Pedro y Marta cambian de lugar para sostener sus mentiras, hasta que llegan las dos personas juntas. El médico tiene que mirar por sí mismo para saber qué pasó.

  • ¿En qué momento se vuelve más difícil mantener el engaño?
  • ¿Qué final esperabas cuando el médico se acercó a examinarlos?

Una mirada adulta

La repetición convierte la ayuda económica en una comedia de testimonios incompatibles. La autoridad del médico podría cerrar el cuento con una condena, pero elige la alegría del reencuentro. Esa generosidad final deja abierta una incomodidad acerca de la confianza y sus límites.

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