Un día la esposa de Nasrudín le dijo:
—Ve a acostarte por allá, un poco más lejos.
Nasrudín se levantó, tomó sus zapatos en la mano y se puso a caminar. Caminó durante dos días.
Al cabo de ese tiempo se encontró con un hombre y le pidió:
—Ve a preguntarle a mi esposa si ya me alejé lo suficiente o si tengo que seguir.


