La corteza flota y una piedra se hunde en el arroyo de Bahloo; tres serpientes esperan bajo la luz lunar.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Bahloo y el paso del arroyo

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Una noche Bahloo, la Luna, miró hacia la tierra. Su luz brillaba con fuerza. Solía elegir las horas en que la gente dormía para jugar con sus tres perros, pero esa noche vio a unas doce personas cruzando un arroyo.

Bahloo llamaba perros a sus compañeros; para la gente de la tierra eran serpientes: una víbora de la muerte, una serpiente negra y una serpiente tigre. Ya habían mordido a perros y personas, y su veneno los había matado.

—¡Esperen! —llamó Bahloo—. Quiero que lleven a mis perros al otro lado.

La gente apreciaba a Bahloo, pero temía a sus animales.

—No podemos. Nos pueden morder. No son como nuestros perros: sus mordeduras matan.

A la luz de la luna, Bahloo llama desde la orilla mientras un grupo de personas, en medio del arroyo, retrocede asustado.

Bahloo levantó un pedazo de corteza.

—Si hacen lo que les pido, cuando mueran volverán a vivir. Miren.

Tiró la corteza al arroyo. Se hundió apenas y regresó a la superficie, donde quedó flotando.

—Así les pasaría: primero bajarían y enseguida subirían de nuevo. Pero si se niegan, les ocurrirá esto.

Arrojó una piedra. Se fue al fondo y no volvió.

Los hombres repitieron que tenían demasiado miedo.

—Voy a cruzarlos yo mismo, para que vean que no hacen daño —dijo Bahloo.

Bajó con la serpiente negra enroscada en un brazo, la tigre en el otro y la víbora de la muerte sobre el hombro, cerca del cuello. Atravesó el arroyo con las tres.

Bahloo cruza el arroyo con el agua a la cintura, con una serpiente en cada brazo y otra sobre el hombro.

Del otro lado recogió una piedra grande y la lanzó al agua.

—Como no hicieron lo que les pedí, perdieron para siempre la posibilidad de volver después de morir. Se quedarán donde los pongan, como esta piedra bajo el agua, hasta hacerse parte de la tierra. Habrían podido morir y renacer tantas veces como yo. Ahora serán personas mientras vivan y huesos después de muertos.

Desde la otra orilla, Bahloo arroja enojado una piedra grande al arroyo mientras la gente lo mira con miedo.

Bahloo estaba tan enojado y las serpientes silbaban con tanta fuerza que los hombres sintieron alivio cuando desaparecieron detrás de los árboles.

Desde ese momento, al miedo se sumó el odio. Dijeron que matarían a las serpientes si las encontraban lejos de Bahloo, y así lo hicieron cada vez que vieron una sola.

Pero Bahloo mandaba más.

—Mientras haya personas —decía—, habrá serpientes que les recuerden que no hicieron lo que les pedí.

Fin

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Para reflexionar

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Con chicos

Para conversar con chicos

Las personas tienen miedo por algo que ya ocurrió: las serpientes han mordido y matado. Bahloo puede cargarlas sin sufrir daño, pero eso no demuestra que cualquiera esté igual de seguro. El cuento permite conversar sobre decir que no cuando una propuesta asusta, incluso si quien la hace promete una recompensa.

  • ¿Qué saben las personas que explica su negativa?
  • ¿Por qué la experiencia de Bahloo no asegura que a los demás les pase lo mismo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La escena presenta la mortalidad humana como efecto de una negativa ante una autoridad capaz de volver absoluta su exigencia. La prueba de inocuidad solo muestra a Bahloo transportando a sus propios animales y no invalida las muertes previas. Corteza y piedra condensan dos destinos, mientras la perpetuación de las serpientes mantiene activa la memoria del conflicto. La lectura puede atender a la coerción sin borrar la explicación de origen.

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