Un mono mira desde una rama a un cocodrilo en un río tropical.

India · tradición budista de los jātakas · Fábula tradicional

El mono y el cocodrilo

Dos trampas junto al río

5 min de lectura8+ años · edad orientativa
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Desde su árbol, un mono miraba todos los días una isla llena de fruta. Las ramas se doblaban bajo el peso de lo que crecía allí. El problema era el río: ancho, profundo y lleno de cocodrilos. El mono no sabía nadar.

Una cocodrila observaba los árboles desde el agua. Un día le dijo a su hijo que quería comer el corazón de un mono. El joven cocodrilo pensó cómo conseguirlo sin tener que trepar, cosa para la que sus patas eran bastante poco útiles.

Al final se acercó a la orilla y llamó hacia las ramas:

—¿No quieres probar la fruta de la isla? Súbete a mi lomo. Yo te llevo.

El mono miró las copas cargadas, miró al cocodrilo y se dejó tentar. Saltó sobre su espalda. Al principio el viaje fue agradable: avanzaban suavemente y la isla se acercaba. Pero, cuando llegaron a la mitad del río, el cocodrilo se hundió.

El mono se aferró como pudo. Al volver a la superficie, tosió y tomó aire.

—¡Para! ¿Qué estás haciendo?

—Voy a llevarle tu corazón a mi madre.

En medio del río, un mono empapado se aferra al lomo de un cocodrilo que asoma la cabeza del agua y lo mira de reojo.

Al mono le temblaban las manos. No podía saltar hasta la orilla y no podía quedarse allí. Entonces tuvo una idea.

—¡Me hubieras avisado antes! Dejé el corazón en el árbol. Si lo quieres, tenemos que volver.

El cocodrilo dudó. No sabía nada de las costumbres de los monos. Dio la vuelta y lo llevó hasta el tronco. Apenas pudo alcanzar una rama, el mono se trepó de un salto y siguió subiendo.

—Mi corazón está conmigo —gritó desde arriba—. Y conmigo se queda.

Vista desde el agua hacia arriba: el mono, a salvo en una rama alta, se toca el pecho mientras el cocodrilo lo mira desde abajo.

Después de aquel susto buscó otro lugar donde vivir. Encontró un árbol río abajo. Cerca había otra isla con fruta, y entre la isla y la orilla sobresalía una roca. Ahora podía cruzar con dos saltos, sin pedirle ayuda a nadie.

Un mono salta en el aire desde una roca en medio del río hacia una pequeña isla llena de árboles frutales.

Pero el cocodrilo lo encontró. Lo vio ir a comer por la mañana y decidió esperarlo hasta la tarde. Se subió a la roca, acomodó la cola y se quedó inmóvil. Cuando el mono quisiera regresar, caería justo encima de él.

Al anochecer, el mono se acercó al agua. Algo no encajaba. La roca parecía más alta que esa mañana.

—Buenas noches, roca —dijo.

No hubo respuesta.

—¿Qué pasa? ¿Hoy no me saludas?

El cocodrilo pensó que aquella roca debía de hablar todas las tardes y que el silencio podía delatarlo.

—Buenas noches —contestó.

El mono ya no tuvo dudas.

—Ah, eras tú.

Al atardecer, el mono observa desde la orilla de la isla una roca sobre la que está tendido, inmóvil, el cocodrilo.

El cocodrilo, descubierto, abrió la boca y le dijo que esta vez no escaparía. El mono fingió resignarse.

—Bueno. Abre bien y cierra los ojos. Voy a saltar.

El cocodrilo hizo lo que le pedía. El mono tomó impulso, cayó sobre la parte alta de su cabeza y, antes de que pudiera cerrar las mandíbulas, saltó de nuevo hasta tierra firme.

El mono salta por encima de la cabeza del cocodrilo, que espera con los ojos cerrados y la boca abierta sobre la roca.

Desde la rama más cercana lo oyó prometer que lo dejaría en paz. El mono se acomodó entre las hojas.

—Me alegro —contestó—. Aun así, voy a seguir mirando antes de saltar.

Fin

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica de la narración de los jātakas: un libro abierto hacia un bosque, un ciervo y un conejo.
Ilustración de su mundo literario

Adaptadora de la fuente inglesa

Ellen C. Babbitt

Ellen C. Babbitt preparó Jataka Tales (1912) y More Jataka Tales (1922), dos libros ingleses que vuelven a narrar historias de la tradición budista de los játakas para lectores jóvenes. Sus escenas de animales, viajes y decisiones dieron forma a las fuentes...

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Con chicos

El mono quiere alcanzar la fruta y acepta un viaje que se vuelve peligroso. Para escapar inventa una historia sobre su corazón. Más tarde, una roca demasiado alta le hace sospechar otra trampa. En las dos escenas usa palabras, pero de formas distintas. Si quieres, compara lo que sabe cada personaje en cada momento y cómo consigue el mono volver a tierra sin saber nadar.

  • ¿Por qué el cocodrilo cree la historia del corazón que quedó en el árbol?
  • ¿Qué descubre el mono cuando saluda a la roca y recibe una respuesta?
  • ¿Cómo entiendes que el mono siga mirando antes de saltar después de escuchar la promesa del cocodrilo?

Una mirada adulta

Los engaños tienen aquí responsabilidades distintas: uno prepara la muerte del mono y los otros le permiten escapar. La astucia aparece ligada a una vulnerabilidad concreta, la de quien depende de su agresor para llegar a tierra. Después del primer ataque, cambiar de lugar tampoco garantiza seguridad. La promesa final del cocodrilo convive con la cautela del mono: la palabra conserva su valor posible, pero ha perdido la capacidad de restablecer por sí sola la confianza.

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