Ibembe avisa a Ngando mientras el cocodrilo vuelve al agua y Leopardo se acerca.

Camerún · Batanga · transmisión banâkâ · Cuento tradicional

Los dos juramentos de Ibembe

Relatos de la colección de Robert Hamill Nassau

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Ibembe, Paloma, construía su nido en un tronco junto al río. Le gustaba andar por el suelo. Un día vio salir del agua a Ngando, Cocodrilo, que fue a echarse sobre el tronco donde acostumbraba descansar.

Los dos decidieron hacer un pacto. Compartieron una preparación ritual con la que, en este cuento, se sellaban los juramentos. Quien faltara a su palabra invocaba sobre sí un castigo.

Paloma habló primero:

—Cuando ocurra algo a la vista y yo no te lo diga, que esta preparación me encuentre y me mate.

Cocodrilo prometió a su vez:

—Cuando algo salga del río hacia la tierra y yo no te avise, que esta preparación me encuentre y me mate.

Sobre un tronco junto al río, la paloma y el cocodrilo se miran de cerca, con un pequeño atado de hojas entre ellos.

Terminada la ceremonia, Cocodrilo regresó a su refugio junto al río. Paloma se alejó caminando. En el sendero se encontró con Njĕ, Leopardo.

—¿Puedes averiguar dónde está Ngando? —le preguntó él—. Quiero comérmelo.

—Sería bueno que tú y yo viviéramos cerca y tuviéramos un acuerdo —respondió Paloma.

Leopardo aceptó. Los dos compartieron otra vez la preparación del juramento.

—Si algo viene al lugar donde vivo y quiere atraparte —prometió Leopardo—, y yo estoy allí y no te aviso, que esta preparación me encuentre y me mate.

Paloma también hizo su promesa:

—Si veo a Ngando y no te lo digo, que esta preparación me encuentre y me mate.

En un sendero del bosque, el leopardo se agacha frente a la paloma, que lo mira desde una raíz con un atado de hojas entre ambos.

Cada uno regresó a su poblado. Paloma había sellado ahora dos pactos: uno con Cocodrilo y otro con quien quería devorarlo.

Un día, Ngando salió del río. Apenas lo vio, Paloma avisó a Leopardo:

—¡Acaba de salir! ¡Está por acomodarse sobre su tronco!

La paloma baja volando hacia el leopardo, que levanta la cabeza, mientras a lo lejos el cocodrilo sale del río.

Leopardo empezó a acercarse despacio, sin dejar de vigilar a su presa. Cuando ya estaba cerca, Paloma se volvió hacia Cocodrilo.

—¡El que te acecha viene por ahí! ¡No te acerques!

Ngando se deslizó de nuevo en el agua y desapareció antes de que Leopardo pudiera atraparlo.

La siguiente vez que Leopardo encontró a Paloma, le pidió explicaciones.

—¿Qué me hiciste? Juraste avisarme cuando vieras a Cocodrilo para que yo fuera a buscarlo. Y, en cuanto me viste llegar, te diste vuelta y le avisaste que volviera al río. ¡Te burlaste de mí!

Bajo un árbol, el leopardo enojado le gruñe a la paloma, que lo mira posada en una rama baja fuera de su alcance.

Leopardo se quedó lleno de furia. Paloma había dado los dos avisos, pero eso no había dejado satisfechos a todos los que escucharon sus promesas.

Fin

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Recopilador y traductor

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Robert Hamill Nassau reunió y tradujo al inglés los cuentos de «Where Animals Talk», publicado en 1912. Trabajó con narradores de Libreville, Corisco y Batanga, a través de relatos orales y textos escritos en lenguas locales. Los prólogos distinguen las contribuciones mpongwe,...

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Con chicos

Paloma no promete exactamente lo mismo a los dos animales. Hay que escuchar las palabras de cada pacto para entender lo que hace después. Esta lectura desde los 12 años incluye amenazas y juramentos duros, sin que llegue a morir nadie.

  • ¿Qué prometió Paloma a cada uno y qué esperaba Leopardo que sucediera?
  • ¿Qué cambia entre cumplir unas palabras y cumplir lo que otra persona creyó entender?

Una mirada adulta

La reserva no consiste en omitir los avisos, sino en superponer acuerdos cuyos efectos se neutralizan. Leopardo añade a la promesa una expectativa de captura que Paloma no formuló con esas palabras. El resultado protege a Cocodrilo y deja abierta la disputa entre literalidad, intención y buena fe.

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