Tres hermanos se reúnen en el campo y escuchan la historia del menor.

Chile · Peñaflor · Ramón A. Laval (1923) · Cuento tradicional

Las tres mentiras

Cuentos de la colección de Ramón Laval

3 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Al morir, un campesino les dejó trescientos pesos a sus tres hijos. Los dos mayores eran ambiciosos: a cada uno le habría gustado quedarse con todo. Por eso propusieron un concurso.

Enterrarían las monedas y saldrían a recorrer el mundo durante un año. Al volver, cada uno contaría una mentira. El que inventara la más grande se llevaría la herencia entera.

El menor aceptó. Enterraron el dinero y partieron por caminos distintos.

El hermano de poncho baja una bolsa de monedas a un pozo pequeño; otro se inclina para mirar y el menor espera con su equipaje.

Un año después regresaron al mismo lugar, se abrazaron y se sentaron a conversar. El mayor empezó:

—Trabajé todo el año en una chacra. Una vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó hasta el cielo.

El mayor habla con las manos abiertas; en la escena imaginada sobre él, una planta de garbanzos crece desde una chacra hasta las nubes.

—¡Grandísima mentira! —dijeron los otros dos.

Le tocó al segundo.

—Yo trabajé en una hilandería. Torcí un hilo tan largo, tan largo, que podía sujetar una punta mientras la otra llegaba al cielo.

El segundo hermano hace un gesto con los dedos; la escena imaginada muestra una mano junto a un huso y un hilo que se prolonga desde la hilandería hasta el cielo.

—¡Esa también es enorme! —dijeron sus hermanos.

Tres hermanos adultos conversan sentados junto al camino; el de sombrero claro alza una mano mientras los otros sonríen.

Entonces habló el menor:

—Yo hice un poco de todo. Una noche andaba por un camino solitario y quise encender un cigarrillo, pero no tenía fósforos. Vi una luz en la Luna y decidí subir a buscar fuego.

El segundo lo interrumpió:

—¿Y por dónde subiste?

—Por el hilo que tú habías torcido.

El mayor preguntó:

—¿Y cómo bajaste?

—Por la planta de garbanzos que tú habías sembrado.

El menor relata su viaje mientras sus hermanos escuchan; en la escena imaginada, aparece en dos momentos: sube a la Luna por un hilo y baja por una planta de garbanzos.

Los hermanos tuvieron que reconocer que aquella mentira incluía las dos suyas y llegaba todavía más lejos. Desenterraron las monedas y se las dieron al menor, que durante todo el viaje ni siquiera se había preocupado por preparar una historia.

El hermano menor sostiene la bolsa de monedas junto al pozo abierto, mientras los dos mayores lo miran con sonrisas resignadas.
Fin

¿Una historia para recordar?

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una rosa roja junto a una ventana con ramas de naranjo cargadas de fruta.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Ramón A. Laval

Ramón Arminio Laval reunió y estudió relatos de la tradición oral chilena. Su libro Cuentos populares en Chile (1923) conserva voces, lugares y expresiones de quienes contaban esas historias. De allí provienen los doce cuentos de esta selección: encuentros con la Calchona,...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Los hermanos mayores inventan cosas enormes. El menor escucha sus cuentos y encuentra una manera de juntarlos. Su historia necesita de las otras dos para funcionar.

  • ¿Qué parte del cuento del mayor usa el menor?
  • ¿Cómo habría cambiado el concurso si el menor hubiera hablado primero?

Una mirada adulta

El menor gana apropiándose del mundo que sus hermanos acaban de construir. Las preguntas que buscan ponerlo en dificultad terminan dándole la ocasión de completar su relato. La destreza narrativa resuelve el concurso, aunque el acuerdo inicial siga siendo una manera desigual de repartir una herencia.

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