Un peluquero acostado en la hierba le confía un secreto a un pequeño pozo.

Chile · Santiago · Ramón A. Laval (1923) · Cuento tradicional

El rey tiene cachito

Cuentos de la colección de Ramón Laval

4 min de lectura10+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Después de pasar muchos días en cama con un fuerte dolor de cabeza, un rey se levantó y descubrió que le había crecido un pequeño cuerno. Quiso ocultarlo bajo el pelo y no volvió a hablar del asunto.

Pero el pelo seguía creciendo. Llegó un momento en que tuvo que pedir un peluquero, y les encargó a sus ministros que buscaran al más reservado de la ciudad.

Encontraron a un hombre que manejaba muy bien las tijeras y apenas conversaba. Casi no tenía clientes: mientras otros peluqueros entretenían a todo el barrio, él trabajaba en silencio. Al rey le pareció perfecto.

Antes del primer corte, el monarca le hizo jurar que no le diría su secreto a ninguna persona. El peluquero lo prometió, apartó con cuidado el mechón que cubría el cuerno y terminó su trabajo.

En una sala del palacio, el peluquero aparta un mechón y deja ver un pequeño cuerno en la cabeza del rey, que mira de reojo, nervioso.

Apenas salió del palacio, empezó a sentir una inquietud desconocida. Él, que siempre había tenido tan pocas ganas de hablar, no podía dejar de pensar en aquello que no debía contar. Dejó de comer bien, de dormir y de trabajar. Y, aunque comía cada vez menos, la panza se le hinchaba más y más.

El secreto parecía empujarlo desde adentro. Sin embargo, había jurado callar y no quería faltar a su palabra.

De noche, el peluquero, con la panza hinchada, se tapa la boca sentado en la cama junto a un plato sin tocar.

Desesperado, salió al campo. Allí encontró una estaca, abrió un pozo y se acostó boca abajo junto al borde.

—¡El rey tiene cachito! —le dijo a la tierra—. ¡El rey tiene cachito!

Lo repitió una y otra vez. Con cada repetición se sentía más liviano, hasta que la panza volvió a su tamaño de siempre. Tapó el pozo, regresó a casa y pidió de comer. Esa noche durmió tan profundamente que se despertó dos días después, dispuesto a volver a sus tijeras.

Una semana más tarde, unos chicos fueron a jugar al campo. En el lugar del pozo había crecido una mata de capachitos, unas flores que acostumbraban apretar para hacerlas estallar.

Esta vez, al reventar, cada flor decía:

Tres chicos agachados junto a una mata de flores amarillas se miran asombrados cuando uno de ellos aprieta una flor.

—¡El rey tiene cachito!

Los chicos llevaron capachitos a sus casas. Las familias hicieron la prueba y oyeron lo mismo. Pronto toda la ciudad conocía el secreto, y la noticia llegó al palacio.

El rey mandó llamar al peluquero, furioso.

—¡Juraste no contarlo! Vas a pagar tu indiscreción con la vida.

—Señor —respondió el hombre—, juré que no se lo diría a ninguna persona. Y a ninguna persona se lo dije. ¿Qué culpa tengo de que los capachitos lo anden contando?

En la sala del trono, el rey furioso señala al peluquero, que responde tranquilo con el sombrero en las manos.

No explicó lo del pozo y nadie lo había visto hacerlo. El rey no pudo demostrar que hubiera roto el juramento y tuvo que perdonarlo. El peluquero quedó libre; las flores ya habían hablado.

Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una rosa roja junto a una ventana con ramas de naranjo cargadas de fruta.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Ramón A. Laval

Ramón Arminio Laval reunió y estudió relatos de la tradición oral chilena. Su libro Cuentos populares en Chile (1923) conserva voces, lugares y expresiones de quienes contaban esas historias. De allí provienen los doce cuentos de esta selección: encuentros con la Calchona,...

Conoce su historia Más de «Cuentos chilenos de Ramón A. Laval»

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El peluquero necesita contar algo y busca un lugar donde nadie pueda escucharlo. Pero en este cuento hasta la tierra guarda palabras que después pueden brotar.

  • ¿Cómo cambia el peluquero antes y después de hablarle al pozo?
  • ¿Qué te imaginas que sintieron los chicos al escuchar la primera flor?

Una mirada adulta

La promesa depende de una diferencia precisa: hablarle a una persona o hablarle a la tierra. El rey pretende controlar la circulación de una noticia, pero las flores vuelven pública una conversación sin testigos. El humor convive con una amenaza desproporcionada.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.