El hermano hace sonar una pequeña campana colgada del árbol.

Georgia · Tradición guriana · Wardrop (1894) · Cuento tradicional

La suerte del hermano confiado

Relatos de la colección de Wardrop

5 min de lectura14+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Al morir un hombre, sus tres hijos tuvieron que repartirse la herencia. Los dos que se creían más inteligentes decidieron aprovecharse del tercero, que confiaba en ellos. Para dividir el ganado abrieron dos salidas amplias del corral y una muy angosta.

—Los animales que pasen por esa abertura serán tuyos —le dijeron.

Casi todos salieron por las puertas grandes. Por la pequeña pasó un solo toro joven. El hermano aceptó el reparto, llevó su toro al bosque y lo ató con una soga fuerte a un arbolito. Después se alejó.

Casi todo el ganado sale por dos puertas anchas hacia dos hermanos sonrientes; por un hueco angosto pasa un solo toro hacia el más joven.

Volvió tres días más tarde. Sin comida ni agua, el animal había tironeado hasta arrancar el árbol. Entre las raíces apareció una vasija llena de monedas de oro.

Junto a un arbolito arrancado, el muchacho levanta monedas de oro de una vasija entre las raíces; el toro atado lo mira.

El muchacho jugó un rato con las monedas y decidió llevárselas al rey. Pero cada persona que se cruzaba con él metía la mano en la vasija, sacaba oro y dejaba piedras o pedazos de madera para que no advirtiera la falta.

Cuando llegó al palacio y volcó el supuesto tesoro a los pies del rey, solo cayeron desperdicios. El monarca se enfureció y sus cortesanos sacaron al visitante y lo golpearon.

En un salón de piedra, el rey se levanta furioso mientras el muchacho mira desconcertado las piedras que cayeron de su vasija.

—¿Por qué me pegaron? —preguntó cuando pudo levantarse.

—Porque trabajas en vano —contestó alguien, burlándose.

El muchacho se fue repitiendo aquellas palabras. Al pasar junto a un campesino que cosechaba, se las dijo tantas veces que el hombre perdió la paciencia y le pegó también.

—¿Qué tendría que haber dicho?

—¡Que Dios te dé una buena cosecha!

Siguió camino con la nueva frase. Encontró un entierro y saludó a los presentes deseándoles una buena cosecha. Lo golpearon de nuevo y le enseñaron a decir: «Que el cielo dé descanso a tu alma».

Con esas palabras saludó a unos recién casados. Otra paliza, otra corrección: debía desearles que fueran fecundos y se multiplicaran. Llegó a un monasterio repitiendo ese deseo a cada monje, y los monjes también lo golpearon.

En el patio de un monasterio de piedra, el muchacho saluda con buena intención a tres monjes que lo miran escandalizados.

Esta vez decidió vengarse. Esperó escondido hasta que todos durmieran y robó una campana que podía cargar. La llevó al bosque, subió a un árbol y la colgó de una rama. De tanto en tanto la hacía sonar para entretenerse y espantar animales.

Cerca de allí, unos ladrones terminaban un banquete antes de repartirse el botín. Al oír la campana pensaron en huir, pero el más viejo propuso mandar a alguien a averiguar.

El explorador se acercó al árbol y preguntó:

—¿Quién eres? Si eres un ángel que viene a castigarnos, ten piedad. Si eres un diablo, ven a compartir lo que tenemos.

De noche, un ladrón con farol pregunta a lo alto de un roble, donde el muchacho sonríe junto a la campana.

El muchacho comprendió que eran ladrones. Sacó un cuchillo y respondió con voz grave:

—Sube y muéstrame la lengua. Voy a escribir ahí quién soy y qué quiero.

El ladrón obedeció. El muchacho le cortó la lengua y lo arrojó del árbol de una patada. El herido corrió gritando de dolor. Sus compañeros, al verlo, huyeron aterrados y abandonaron todo.

A la mañana siguiente, el hermano recogió el botín y regresó sin contarle nada a nadie. Se volvió más rico que los otros dos y construyó tres palacios: uno para él, otro para quien cuenta esta historia y otro para ti. En el primero hay fiesta, y el cuento termina invitándonos a entrar.

En la terraza de un palacio, el hermano alza un cuerno de vino invitando a pasar mientras los invitados bailan.
Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El protagonista repite lo que le enseñan sin saber cuándo conviene decirlo. Muchas personas responden lastimándolo. Al final él también hace un daño grave. Podemos reconocer el cambio sin confundir riqueza con bondad.

  • ¿Por qué una frase adecuada en un lugar causa problemas en otro?
  • ¿Qué formas de ayudarlo tenían las personas que encontró?

Una mirada adulta

La fortuna invierte una jerarquía intelectual, pero la cadena de humillaciones no desemboca en una justicia reparadora. El protagonista aprende a producir terror y obtiene riqueza gracias a una mutilación. La invitación festiva final convive con ese costo, en lugar de borrarlo.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.