Dos magos examinan con una lente el mundo diminuto de una gota de agua.

Hans Christian Andersen · Dinamarca · Cuento de autor

La gota de agua

Hans Christian Andersen · Adaptación

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Si miras una gota de agua de zanja con un vidrio que aumenta mucho las cosas, puedes descubrir un mundo donde antes no veías nada. Eso hacía un viejo mago al que llamaban Revoltijo. Tenía la costumbre de buscarle una explicación a todo. Cuando no encontraba una explicación, probaba con magia.

Aquella tarde había puesto una gota bajo su lente. Dentro se movían innumerables criaturas. Se amontonaban, se perseguían y se arrebataban el espacio. Una atrapaba a otra; otra le arrancaba una pata a su vecina; algunas desaparecían devoradas por las demás. Había tantísima actividad que el agua parecía hervir, aunque estaba fría.

—¡Qué manera de vivir! —dijo Revoltijo—. ¿No podrían quedarse tranquilas y ocuparse cada una de sus asuntos?

Pensó un rato cómo enseñarles a convivir. No se le ocurrió nada que sirviera. Entonces decidió que, por lo menos, iba a verlas mejor. Sacó un frasquito y agregó una sustancia roja. Parecía vino, pero el mago aseguraba que era sangre de bruja, de la más cara.

Revoltijo, solo en su estudio, deja caer una gota roja de un frasquito sobre la gota de agua que está bajo la lente.

Las criaturas se tiñeron de rosa. Ahora el espectáculo parecía una ciudad llena de pequeños cuerpos desnudos corriendo en todas direcciones.

A través de la lente, una multitud de criaturas diminutas teñidas de rosa se empujan y se persiguen como en una ciudad agitada.

Llegó otro mago, que no tenía nombre. Se asomó por encima del hombro de Revoltijo.

—¿Qué estás mirando?

—Si adivinas, te lo regalo.

El visitante apoyó el ojo en el vidrio. Vio a unos treparse sobre otros. Los de arriba empujaban hacia abajo y los de abajo tironeaban para subir. Un grupo atacaba a un vecino porque tenía una pierna más larga. Otro se ensañaba con una criatura lastimada: donde ya había una herida, insistían en morder.

En un rincón, una figurita permanecía quieta. No parecía querer otra cosa que estar en paz. Pero también la encontraron. La arrastraron al centro del tumulto y la devoraron.

El mago sin nombre apartó el ojo un instante y volvió a mirar, fascinado.

—Muy interesante —dijo.

—Sí, pero ¿qué es? —insistió Revoltijo—. Tienes que adivinar.

—Eso es fácil. Es una gran ciudad. París, tal vez, o cualquier otra. Da lo mismo: se parecen bastante.

El mago de gorro rojo levanta un dedo y da su respuesta con sonrisa irónica; Revoltijo lo escucha recostado, divertido.

Revoltijo levantó con cuidado el vidrio. Debajo no había calles, ni palacios, ni plazas. Apenas una gotita redonda, tan pequeña que podía secarse sobre la punta de un dedo.

—Es agua de una zanja —dijo.

En la punta del dedo de Revoltijo brilla una gotita de agua; detrás, los dos magos la miran.
Fin

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Con chicos

La lente permite ver seres diminutos, pero los magos empiezan a hablar como si miraran una ciudad. Esa comparación puede resultar inquietante: hasta la criatura que intenta quedarse al margen termina devorada. Fíjate también en los observadores. Revoltijo quiere ordenar aquella vida y termina tiñéndola; su visitante se fascina con la pelea. Puedes discutir tanto lo que ven como la manera en que deciden explicarlo.

  • ¿Qué detalles llevan al visitante a pensar que está mirando una ciudad?
  • ¿Qué te hace pensar que los magos entienden, o no entienden, lo que observan?

Una mirada adulta

La lente amplía los cuerpos, pero no vuelve más responsable a quien los observa. Revoltijo abandona pronto la intención de mejorar su convivencia y se conforma con teñirlos para verlos mejor; su visitante encuentra interesante el espectáculo. La violencia dentro de la gota tiene así un contrapunto en la curiosidad distante de los magos. La comparación con una gran ciudad lleva al extremo una imagen de competencia y crueldad, hasta borrar cualquier otra forma de vínculo. Su fuerza es satírica: la gota condensa una mirada sombría sobre la vida social, no una explicación completa de ella.

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