Patkasa cocina sobre una rama de sauce; la tortuga, el fuego y la rama se reflejan en el arroyo.

Tradición Dakota · versión de Zitkala-Ša · Relato tradicional

Iktomi y la tortuga

Lo que mostraba el agua

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Patkasa, la tortuga, volvía de cazar con las manos vacías. Había caminado toda la mañana y no había visto ni siquiera un pájaro. Pensaba en quienes lo esperaban en su casa, con hambre, y avanzaba cabizbajo.

Unos espíritus bondadosos se compadecieron del cazador y lo guiaron hasta un ciervo recién muerto. Patkasa se inclinó sobre él. La flecha que encontró no era una de las suyas: pertenecía a alguien que había disparado desde lejos.

—Los buenos espíritus me trajeron hasta aquí —dijo, agradecido.

Una mano le cayó sobre el hombro.

—Buen día, amigo. ¡Qué buen cazador eres!

Esta vez no hablaba un espíritu. Era Iktomi, que miraba al ciervo con una sonrisa larguísima. Patkasa levantó la cabeza, complacido con el elogio.

Iktomi apoya una mano en el hombro de Patkasa junto al ciervo que la tortuga ha encontrado.

—¿De verdad te parece?

—Claro. Hagamos una prueba: a ver quién puede saltar por encima del ciervo sin tocarle un pelo.

Patkasa dijo que no creía poder hacerlo. Iktomi insistió. Le aseguró que alguien tan hábil no debía tener miedo de una dificultad tan pequeña. Lo llevó unos pasos hacia atrás y le cedió el primer turno.

Patkasa movió los brazos, preparándose para correr. Justo entonces Iktomi agregó:

—¡Y el que gane se queda con el ciervo!

La apuesta había cambiado, pero Patkasa ya estaba tomando impulso. Le preocupaba que lo llamaran cobarde si se detenía. Corrió con sus pasos cortos, intentó el salto, tropezó con una rama y cayó contra el animal.

Patkasa tropieza con una rama y cae contra el ciervo mientras Iktomi sonríe detrás de él.

Iktomi fingió lamentarlo. Lo ayudó a ponerse de pie y saltó con facilidad, sin rozar el ciervo.

Iktomi salta por encima del ciervo mientras Patkasa observa junto a una rama caída.

—Gané. Cuida la carne mientras voy a buscar a mis hijos.

Se alejó antes de recibir respuesta. Patkasa lo miró irse. Ahora entendía para qué habían servido tantos elogios, y esta vez no estaba dispuesto a hacerle el favor que le pedía.

Cuando Iktomi volvió con sus hijos, no encontró a nadie. El ciervo tampoco estaba. Los chicos, que habían venido hablando y riéndose, se pusieron a llorar.

Iktomi mira desconcertado el pasto aplastado donde estaba el ciervo, mientras sus dos hijos lloran a su lado.

—Sé dónde vive Patkasa. Vengan conmigo —ordenó Iktomi.

Los condujo por un sendero hasta un arroyo. Desde la orilla les señaló lo que se veía en el agua: la vivienda de Patkasa y un fuego sobre el que se cocinaba la carne.

Iktomi señala a sus hijos el reflejo de Patkasa y de su fogata en el agua quieta del arroyo, como si estuvieran en el fondo.

—Voy a apagarle la fogata y traerles la comida. Miren bien: cuando los carbones negros suban a la superficie, aplaudan. Después salgo yo con la carne.

Iktomi se lanzó al arroyo y levantó una lluvia de gotas. Apenas el agua se alisó, empezaron a asomar y desaparecer unas formas oscuras.

—¡Los carbones! —gritaron los chicos.

Aplaudían y corrían por la orilla, contentos de que su padre estuviera a punto de regresar.

Los hijos de Iktomi aplauden y corren por la orilla mientras unas formas oscuras asoman en el agua del arroyo.

Una voz los hizo mirar hacia arriba. Patkasa estaba sentado sobre una rama grande de un sauce inclinado sobre el arroyo. En esa misma rama ardía la fogata en la que asaba el ciervo. Lo que Iktomi había visto abajo era su reflejo.

Patkasa cocina sobre una rama grande de sauce mientras los hijos de Iktomi miran hacia arriba desde la orilla.

El agua quedó quieta. Las formas negras que los chicos habían confundido con carbones eran los dedos de los pies de su padre. Ya no volvieron a aparecer: Iktomi se había ahogado.

Sus hijos se alejaron del arroyo llorando y llamándolo.

Los hijos de Iktomi se alejan llorando del arroyo, cuya superficie ha quedado quieta.
Fin

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Detrás de esta historia.

Retrato ilustrado de Zitkala-Ša, de cabello largo y mirada elevada, basado en la fotografía de Joseph Turner Keiley de 1898.
Ilustración de su mundo literario

Autora

Zitkala-Ša

Zitkala-Ša fue una escritora, música y defensora de los derechos indígenas, perteneciente al pueblo Yankton Dakota. En Old Indian Legends, publicado en 1901, dio forma literaria en inglés a relatos vinculados con la tradición oral. Su escritura permite encontrarse con Iktomi, animales...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Los chicos esperan que su padre vuelva con comida y confían en lo que les dijo. Por eso aplauden sin entender lo que está pasando en el agua. El final puede dar tristeza; puedes hacer una pausa y hablar de lo que sentiste.

  • ¿Podía Patkasa aceptar de verdad una apuesta que le explicaron cuando ya estaba por saltar?
  • ¿Por qué los chicos interpretan las formas oscuras como carbones?
  • ¿Qué parte del final te gustaría conversar con alguien?

Una mirada adulta

Iktomi convierte el elogio en presión y añade la apuesta cuando Patkasa ya teme parecer cobarde. La disputa por la carne nace de esa ventaja impuesta, pero su desenlace alcanza a quienes no participaron en ella. Los hijos reciben de su padre una explicación del agua que transforma señales de ahogamiento en motivos de alegría. El descubrimiento invierte brutalmente el sentido de sus aplausos. La pérdida final queda en ellos, fuera del juego de astucias entre los adultos, y hace imposible reducir la muerte a un castigo que solo afectara a su responsable.

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