Un murciélago cayó al suelo y una comadreja lo atrapó. Él le rogó que le perdonara la vida.
—Soy enemiga de todas las aves —respondió ella.
—¡Pero yo no soy un ave! Soy un ratón.
La comadreja lo dejó ir.
Poco después volvió a caer y lo atrapó otra comadreja. También a ella le pidió que no lo comiera.
—Yo tengo especial enemistad con los ratones —le dijo.
—¡No soy un ratón, sino un murciélago!
Así escapó por segunda vez.
Es prudente saber aprovechar las circunstancias.


