Un cervatillo le dijo a su madre:
—Eres más grande que un perro, más rápida y más acostumbrada a correr. Además, tienes cuernos para defenderte. ¿Por qué te asustan tanto los perros de caza?
Ella sonrió.
—Sé que todo eso es cierto, hijo. Tengo las ventajas que nombras. Pero apenas escucho ladrar a un solo perro, siento que voy a desmayarme y huyo lo más rápido que puedo.
Ningún argumento le dará valor al cobarde.


