Un carbonero trabajaba en su propia casa. Un día encontró a un amigo que se dedicaba a blanquear telas y lo invitó a vivir con él.
—Así estaremos más cerca y gastaremos menos en mantener la casa.
—Para mí es imposible —respondió el blanqueador—. Todo lo que yo deje blanco, tú lo vas a ennegrecer enseguida con tu carbón.
Lo semejante atrae a lo semejante.


