El niño sostiene el pan junto a la fuente que apareció ante el pastor.

Georgia · Tradición georgiana · Wardrop (1894) · Cuento tradicional

El pastor y el chico de la fortuna

Relatos de la colección de Wardrop

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Una pareja rica deseaba tener un hijo. La mujer propuso llevar un novillo a cada una de cinco iglesias, repartir su carne entre los pobres y dejar a alguien de guardia por la noche, por si llegaba una respuesta.

El pastor de la familia recibió el encargo. En la primera iglesia distribuyó la carne y veló hasta el amanecer, pero no oyó nada. Lo mismo ocurrió en la segunda, la tercera y la cuarta.

En la quinta, a medianoche, vio reunirse a los ángeles de las cinco iglesias.

En una iglesia de piedra a oscuras, el pastor escondido tras una columna ve a cinco ángeles reunidos en un círculo de luz.

—Tenemos que darles un hijo —dijeron.

El primero propuso que viviera hasta los veinte años; el segundo, que muriera al recibir una corona en la catedral; el tercero, que muriera después de tener esposa e hijos. El cuarto quiso concederle una vida larga, aunque fuera una mala persona.

—Si vamos a darles un hijo, demos algo mejor —intervino el quinto—. Que conserve una juventud inmortal y que se cumpla todo lo que le pida a Dios.

Los demás aceptaron. Pero el pastor, al volver, ocultó aquel poder y agregó una condición inventada:

—Dentro de un año tendrán un hijo. Los ángeles ordenaron que yo esté presente cuando nazca.

La pareja aceptó, agradecida. Al cumplirse el año, el pastor llevó escondido un cabrito, lo dejó entre las mantas de la cama y se llevó al recién nacido.

De noche, el pastor sale a escondidas con un bebé envuelto mientras en la cama asoma un cabrito blanco entre las mantas.

Una o dos semanas después, el chico pidió salir del bolsillo donde lo llevaba y empezó a caminar. Cuando tuvieron hambre, el pastor decidió poner a prueba lo que había oído.

—Pídele pan a Dios.

El niño lo pidió y apareció pan. Después pidió agua y brotó una fuente. Convencido ya, el pastor lo hizo desear una casa amueblada, un pueblo sobre el que él pudiera gobernar y una princesa por esposa. Todo se cumplió.

El niño sonríe sobre un muro de piedra mientras el pastor y una princesa miran asombrados una casa nueva y un pueblo entero.

Pasado un tiempo, la princesa le preguntó cómo había conseguido casarse con ella un simple pastor.

—Primero comprueba que el chico duerme. Calienta un hierro y apóyaselo en la planta del pie. Después te cuento.

El niño los oyó. Pidió en silencio que su pie se endureciera para no sentir nada y no se movió cuando lo tocaron. Creyéndolo dormido, el pastor contó toda la verdad.

De noche, el niño se hace el dormido en un banco mientras, junto al fuego, el pastor le cuenta la verdad a la princesa.

Al amanecer, el chico salió a buscar a sus padres. Preguntando por el camino llegó a su casa, donde lo recibieron como huésped.

—¿Perdieron algo? —preguntó.

—Un pastor —respondió el dueño—. Todavía le debo cuatro años de sueldo.

—Lo vi. Viene hacia aquí con su familia y sus riquezas.

Esa noche el niño pidió que la casa del pastor, su familia y todo su pueblo aparecieran en el patio de sus padres. A la mañana siguiente, los dueños salieron y no reconocieron el paisaje. Volvieron a entrar: el huésped seguía acostado, de modo que aquella sí era su casa.

Al amanecer, un matrimonio sale al balcón y mira asombrado un pueblo entero que apareció en su patio.

—¿Quién eres? ¿Qué pasó aquí?

El chico sonrió y les recordó lo que había anunciado. Mandaron llamar al pastor, que también acababa de descubrir el traslado. Se arrodilló ante sus antiguos patrones, confesó el secuestro y se puso en sus manos.

Los padres abrazaron a su hijo una y otra vez. Él pidió que perdonaran al pastor y le pagaran lo que le debían. El padre aceptó, pero el niño añadió:

En el patio, los padres abrazan al niño mientras el pastor arrodillado baja la cabeza y el niño le tiende la mano.

—Él dejó un cabrito a cambio de mí. Si mi madre crió al cabrito, él me crio a mí. Si yo me quedo con ustedes, por lo menos devuélvanle su cabrito.

—Le daré además la mitad de mis rebaños —respondió el padre.

Así lo hizo, y también recibió al pastor en su casa. El chico se quedó con sus padres, y vivieron juntos felices.

Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Tres libros abiertos unidos por una cinta roja, una pluma y nueces ante un paisaje luminoso.
Ilustración de su mundo literario

Traductora

Marjory Scott Wardrop

Marjory Scott Wardrop tradujo al inglés «Georgian Folk Tales», publicado en 1894. Trabajó con tres recopilaciones escritas, que el volumen organiza en cuentos georgianos, mingrelianos y gurianos. En el prefacio reconoce la ayuda de su hermano Oliver en la parte traducida del...

Conoce su historia Más de «Tres caminos por Georgia»

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El chico descubre su historia porque escucha mientras los demás creen que duerme. Después usa un deseo para reunir a todas las personas que pueden aclarar lo ocurrido.

  • ¿Qué parte del mensaje de los ángeles inventa el pastor?
  • ¿Por qué el traslado del pueblo hace difícil seguir ocultando la verdad?

Una mirada adulta

El poder ilimitado del niño sostiene primero la apropiación y después la restitución de identidad. El cierre combina reconocimiento de una deuda laboral, perdón y una equivalencia inquietante entre crianza y secuestro. Esa elección extraordinaria pertenece al personaje y no establece una obligación general de reconciliarse.

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