Un panqueque rueda por el camino mientras la madre sale con la sartén y el cucharón.

Tradición noruega, recopilada por Peter Christen Asbjørnsen y traducida al inglés por George Webbe Dasent · Cuento tradicional

El panqueque que salió corriendo

Una carrera que reúne muchas voces

4 min de lectura6+ años · edad orientativa
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Una mujer preparaba un panqueque de leche para sus siete hijos. En la sartén, la masa burbujeaba y se iba poniendo dorada. Los chicos miraban con hambre, y el padre esperaba sentado cerca.

—Dame un pedacito, mamá —pidió el primero.

—Mamá querida —agregó el segundo.

El tercero la llamó buena; el cuarto, buena y amable. Cada uno sumaba una palabra cariñosa, hasta que el séptimo casi no tenía aire para terminar su pedido.

En la cocina, la madre cocina el panqueque en la sartén mientras siete chicos le piden un pedazo y el padre espera sentado.

—Esperen a que se dé vuelta y todos van a comer —dijo la madre.

Al oírlo, el panqueque se asustó. Se dio vuelta solo, pero cayó otra vez dentro de la sartén. Esperó a que el otro lado estuviera más firme, saltó al piso y salió rodando por la puerta.

—¡Para, panqueque!

La madre corrió con la sartén en una mano y el cucharón en la otra. Detrás salieron los siete chicos y, al final, el padre. Pero el panqueque rodaba tan rápido que pronto lo perdieron de vista.

En el camino encontró a un hombre.

—Buen día, panqueque. Quédate un rato y déjame comerte.

—Me escapé de una madre, un padre y siete chicos hambrientos. ¡También puedo escaparme de ti!

En un camino de tierra, el panqueque pasa rodando junto a un hombre que se inclina para atraparlo.

Siguió rodando y se encontró con una gallina.

—No vayas tan rápido. Deja que te coma —le pidió ella.

—Si me escapé de toda aquella familia y del hombre, también voy a escaparme de tus patas.

Más adelante apareció un gallo. Saludó al panqueque y le hizo el mismo pedido. Pero el panqueque agregó a la gallina a la lista de los que había dejado atrás y siguió viaje.

Después encontró a un pato.

—Espérame, panqueque. ¡Qué ganas de comerte!

—Ya me escapé de la familia, del hombre, de la gallina y del gallo. De ti también me escapo.

El panqueque rueda por un sendero y deja atrás a una gallina, un gallo y un pato.

Rodó un largo rato hasta encontrarse con una oca. La oca quiso comerlo, pero él repitió su lista, ahora con el pato incluido, y no se detuvo.

Luego apareció un ganso. También él lo invitó a quedarse y también quedó atrás, sumado a la cuenta de los perseguidores.

Al fin el panqueque llegó junto a un cerdo. Apenas lo saludó, empezó a rodar más rápido.

—No hace falta tanto apuro —dijo el cerdo—. Podemos cruzar juntos el bosque. Dicen que andar solo por ahí es peligroso.

Al panqueque le pareció una buena idea. Por primera vez siguió al lado de alguien.

El cerdo y el panqueque entran juntos al bosque por un sendero sombreado.

Caminaron hasta llegar a un arroyo. El cerdo podía nadar sin dificultad, pero el panqueque no sabía cómo pasar al otro lado.

—Súbete a mi hocico. Yo te llevo.

El panqueque se subió.

A orillas de un arroyo, el panqueque se sostiene sobre el hocico del cerdo, que lo mira de reojo.

—¡Oinc! —dijo el cerdo, y se lo tragó de un solo bocado.

Como el panqueque ya no pudo seguir rodando, este cuento tampoco puede seguirlo más.

Fin

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Retrato ilustrado de Peter Christen Asbjørnsen joven, con gafas redondas y cabello oscuro, basado en un grabado histórico.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Peter Christen Asbjørnsen

Peter Christen Asbjørnsen reunió cuentos noruegos que circularon en distintas versiones. Ocho relatos de esta biblioteca proceden de Tales from the Fjeld, publicado en inglés en 1874: un panqueque fugitivo, tres preguntas difíciles y una moneda honrada son algunas de sus puertas...

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Con chicos

Todos los animales dicen que quieren comer al panqueque, salvo el cerdo, que propone acompañarlo. Por eso el último encuentro se siente distinto. La lista de quienes quedaron atrás crece tanto como la confianza del panqueque.

  • ¿Qué dice el cerdo que ninguno de los otros había dicho?
  • ¿Cómo contarías la lista con una voz distinta para cada personaje?

Una mirada adulta

Cada fuga agranda la lista que el panqueque repite como prueba de su capacidad para escapar. El cerdo rompe esa seguridad sin competir en velocidad: ofrece compañía y protección. La amenaza deja de presentarse como apetito y adopta la forma de una ayuda. Al aceptar el traslado, el panqueque entrega la distancia que lo había mantenido a salvo. El bocado corta también la narración: la voz que seguía su movimiento queda detenida en el mismo instante que su cuerpo.

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