Un zorro interroga al dragón junto al hombre y la roca levantada con una palanca.

Tradición noruega, recopilada por Peter Christen Asbjørnsen y traducida al inglés por George Webbe Dasent · Cuento tradicional

El hombre, el dragón y el zorro juez

Tres jueces y una deuda

4 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Un hombre buscaba árboles rectos para hacer postes cuando oyó gemidos debajo de un montón de piedras. Se acercó y descubrió que los lamentos salían de debajo de una roca enorme.

Cortó un tronco, lo usó como palanca y consiguió levantarla. De allí salió un dragón que, en cuanto quedó libre, abrió la boca para tragárselo.

El hombre sostiene una palanca bajo la roca mientras un enorme dragón verde sale del hueco con la boca abierta hacia él.

—¡Te acabo de salvar la vida! —protestó el hombre.

—Y yo llevo cientos de años sin comer —respondió el dragón—. Así funciona el mundo. Así paga sus deudas.

El hombre pidió que alguien juzgara el asunto. Si le daban la razón al dragón, aceptaría su suerte.

Pasó primero un perro viejo. Había cuidado la casa de su dueño durante años, había vigilado de noche y la había protegido de ladrones e incendios. Ahora veía y oía poco, y su amo quería matarlo. Había tenido que huir.

—El dragón tiene razón. Así paga el mundo sus deudas.

El hombre consiguió que escucharan a un segundo juez. Era un caballo que avanzaba rengueando. Contó que había trabajado hasta quedarse sin fuerzas. Ya no podía arrastrar ni cargar, y su dueño decía que no valía lo que comía y quería pegarle un tiro.

—Así es el mundo —concluyó también.

Un caballo viejo y flaco, con un perro anciano a sus pies, da su opinión mientras el hombre escucha abatido y el dragón sonríe.

El dragón volvió a abrir la boca. Entonces el hombre vio a un zorro entre las piedras.

—Probemos una tercera vez. Si él piensa lo mismo, no voy a pedir más.

El zorro escuchó el caso y llamó al hombre aparte.

—¿Qué me das si te libero?

—Puedes venir a mi gallinero cada jueves por la noche y disponer de mis gallinas y mis gansos.

El zorro volvió hacia el dragón.

—No entiendo cómo un animal tan grande pudo caber debajo de esa piedra.

El dragón explicó que estaba tomando sol cuando una roca se había desprendido de la ladera.

—Puede ser. Pero hasta verlo, no lo creo.

Para demostrarlo, el dragón volvió a meterse en el hueco. El hombre y el zorro retiraron la palanca; la roca cayó y lo dejó atrapado otra vez.

El hombre y el zorro retiran la palanca y la roca cae sobre el hueco, dejando ver solo la punta de la cola del dragón.

El dragón gimió y pidió ayuda, pero ellos se alejaron.

El jueves siguiente, el zorro fue a cobrar su recompensa. Entró al gallinero detrás de la muchacha que alimentaba a las aves. Comió tanto que no pudo salir y se quedó dormido, con las patas estiradas.

Por la mañana lo encontraron. La dueña de casa y las muchachas acudieron con palos y escobas. Lo golpearon hasta que el zorro creyó que no iba a salir vivo.

Entonces vio un agujero en el piso. Se metió por allí y escapó hacia el bosque, dolorido y rengueando.

El zorro se escurre por un agujero del piso del gallinero mientras la dueña y dos muchachas lo persiguen con escobas.

Mientras se alejaba, repitió las palabras que había oído junto a la roca:

—Sí. Así funciona el mundo. Así paga sus deudas.

Fin

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Retrato ilustrado de Peter Christen Asbjørnsen joven, con gafas redondas y cabello oscuro, basado en un grabado histórico.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Peter Christen Asbjørnsen

Peter Christen Asbjørnsen reunió cuentos noruegos que circularon en distintas versiones. Ocho relatos de esta biblioteca proceden de Tales from the Fjeld, publicado en inglés en 1874: un panqueque fugitivo, tres preguntas difíciles y una moneda honrada son algunas de sus puertas...

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Con chicos

El perro y el caballo juzgan a partir de lo que les pasó. El zorro encuentra una forma de liberar al hombre, pero después él también recibe un mal pago. El cuento vuelve a la misma frase, ahora dicha por quien parecía haber resuelto el problema.

  • ¿Qué experiencias influyen en la respuesta del perro y del caballo?
  • ¿Por qué es importante leer lo que pasa el jueves siguiente?

Una mirada adulta

El segundo desenlace impide una victoria cómoda del ingenio. La familia golpea al zorro que ha ido a ejercer el permiso obtenido, sin que el texto aclare qué saben los demás del acuerdo. La repetición final extiende la pregunta por la gratitud más allá del primer agresor.

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