Un capitán observa al diablo que bombea sin fin el agua de su barco hacia el mar.

Tradición noruega, recopilada por Peter Christen Asbjørnsen y traducida al inglés por George Webbe Dasent · Cuento tradicional

El capitán que hizo bombear al diablo

Una tarea que no podía terminar

3 min de lectura9+ años · edad orientativa
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Había un capitán al que todo le salía bien. Conseguía los mejores cargamentos, volvía con ganancias enormes y parecía llevar el viento a donde fuera. Decían que le bastaba girar el sombrero para cambiar la dirección de las ráfagas.

Durante años navegó comerciando madera y llegó hasta China. Pero tanta suerte tenía una explicación: había hecho un trato con el diablo. Y el día en que debía pagarle llegó mientras cruzaba el mar del Norte, con todas las velas desplegadas.

El capitán salió a cubierta y miró el tiempo. Después llamó al carpintero y a varios marineros.

El capitán observa el tiempo desde la cubierta y llama al carpintero y a los marineros.

—Bajen a la bodega. Hagan dos agujeros en el fondo del barco y encajen las bombas en ellos.

La tripulación no entendía el encargo, pero lo cumplió. Ajustaron las bombas con tanto cuidado que el agua no podía pasar a la carga. Solo subía por el interior de los tubos, que quedaban comunicados directamente con el mar.

Debajo de cubierta, el carpintero sella las juntas del casco mientras el capitán comprueba que la bodega está seca.

Apenas terminaron de arrojar por la borda las astillas del trabajo, una ráfaga trajo al diablo. Se lanzó sobre el capitán y lo sujetó del cuello.

—¡Espera! No hace falta tanto apuro.

El capitán se ayudó con una herramienta de marinero para soltarse de las garras y señaló hacia las bombas.

—¿No te comprometiste a mantener mi barco seco y sin filtraciones? Mira cuánta agua hay ahí adentro. Primero bombea hasta sacarla toda; después puedes llevarme.

En cubierta, el capitán, que acaba de soltarse del diablo, señala las dos bombas mientras el diablo las mira desconcertado.

El diablo miró el agua que llenaba los tubos y empezó a trabajar.

Bombeó y bombeó. El sudor le corría por la espalda, pero el nivel nunca bajaba. Cada vez que sacaba agua del tubo, entraba más desde el mar. Y el agua que arrojaba por la borda volvía al mismo mar del que había salido.

El diablo acciona una de las dos bombas mientras el agua sale por la borda al mar y el capitán observa.

No se dio cuenta del truco. Siguió hasta que no tuvo fuerzas para mover los brazos.

Entonces abandonó la tarea y se fue, furioso y agotado, a descansar a casa de su abuela. Al capitán lo dejó seguir al mando todo el tiempo que quisiera.

El diablo deja las bombas agotado mientras el capitán permanece en su barco.

Y si todavía vive, quizá siga por esos mares, cargando y descargando mercaderías, mientras acomoda el viento con una vuelta de sombrero.

Fin

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Retrato ilustrado de Peter Christen Asbjørnsen joven, con gafas redondas y cabello oscuro, basado en un grabado histórico.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Peter Christen Asbjørnsen

Peter Christen Asbjørnsen reunió cuentos noruegos que circularon en distintas versiones. Ocho relatos de esta biblioteca proceden de Tales from the Fjeld, publicado en inglés en 1874: un panqueque fugitivo, tres preguntas difíciles y una moneda honrada son algunas de sus puertas...

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Con chicos

El capitán prepara una tarea que parece posible cuando se mira solo el agua del tubo. Pero ese tubo sigue unido al mar. El diablo trabaja cada vez más y no se detiene a preguntar por qué el resultado no cambia.

  • ¿De dónde viene el agua que reemplaza a la que saca el diablo?
  • ¿Qué parte del trato usa el capitán para ganar tiempo?

Una mirada adulta

La solución explota una obligación previa del acreedor y la diferencia entre un depósito limitado y una fuente continua. El narrador deja al capitán con las ventajas de su pacto, sin imponer una reparación moral. Esa falta de castigo es parte del humor del desenlace.

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