El padre observa a las palomas que regresan al patio para reconocer a su hijo.

Georgia · Tradición georgiana · Wardrop (1894) · Cuento tradicional

El maestro y el aprendiz

Relatos de la colección de Wardrop

6 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Una pareja de campesinos tenía un hijo. La madre insistía en que aprendiera un oficio: si algún día debía vivir por su cuenta, necesitaba saber hacer algo. Al fin, el padre salió con el chico a buscar un maestro.

En el camino les dio sed. Se agacharon junto a un arroyo y bebieron. Al levantar la cabeza, el padre exclamó lo buena que estaba el agua. En la lengua de aquel lugar sus palabras sonaron como el nombre de Vakhraca, y un diablo con forma humana salió del arroyo.

Un hombre de barba gris y sombrero negro surge del arroyo ante el padre y el hijo, que bebían arrodillados.

—¿Qué quieres? ¿Para qué me llamaste?

El campesino le explicó que buscaba quién enseñara un oficio a su hijo.

—Déjalo conmigo un año —propuso Vakhraca—. Después ven a buscarlo. Si lo reconoces, se va contigo. Si no, se queda para siempre conmigo.

El hombre aceptó sin saber que otros padres habían hecho el mismo trato y perdido a sus hijos. Al cabo del año volvió. El maestro no estaba; en el patio había tantos muchachos, y todos habían cambiado tanto, que no pudo distinguir al suyo.

Pero el chico sí reconoció a su padre. Se acercó y le habló bajito:

—Cuando llegue, nos va a transformar en palomas. Al salir volando, yo iré adelante de todos; cuando volvamos, seré el último. Fíjate bien.

Entre muchos muchachos parecidos, el hijo le susurra un secreto al oído a su padre.

Vakhraca llegó y convirtió a los alumnos en palomas. El padre siguió el vuelo tal como le habían indicado y, cuando el maestro le preguntó, señaló sin equivocarse. El diablo se enfureció al comprender la maniobra, pero debió dejar partir al aprendiz.

Padre e hijo encontraron después a unos nobles de cacería. Sus perros no conseguían alcanzar una liebre.

—Espanta una liebre del monte —le dijo el chico—. Yo voy a convertirme en galgo y atraparla. Cuando quieran comprarme, pide mucho dinero. Después me escapo y te alcanzo.

Así lo hicieron. Los nobles pagaron una buena suma por aquel perro extraordinario y se lo llevaron atado. Apenas soltaron al galgo para que persiguiera otra liebre, el chico corrió hasta quedar fuera de su vista, recuperó su figura y se reunió con el padre.

Un galgo veloz alcanza a una liebre en la pradera mientras unos nobles a caballo miran asombrados.

Más adelante vieron otros cazadores. Esta vez los halcones no lograban atrapar un faisán. El muchacho se convirtió en halcón, lo alcanzó delante de todos y consiguió que su padre volviera a venderlo caro. Cuando lo dejaron volar tras otra presa, escapó como antes.

Ya llevaban bastante dinero, pero el chico quería más.

—Ahora seré un caballo. Móntame y véndeme en la ciudad. Solo te pido una cosa: no me vendas a un hombre de ojos de distintos colores. Y si llegas a hacerlo, no le entregues la brida, porque entonces no voy a poder librarme de él.

El padre llegó a la ciudad sobre un caballo magnífico. Muchos ofrecieron comprarlo, pero el más interesado tenía precisamente aquellos ojos. Por cada moneda que ofrecía otro, él agregaba diez. La codicia pudo más que la advertencia: el campesino le vendió el caballo y también la brida.

En el mercado, el padre entrega la brida de un caballo negro al hombre de ojos de distinto color a cambio de una bolsa de monedas.

Era Vakhraca. Se llevó a su aprendiz, lo encerró en una habitación oscura y cerró con llave. El chico pasó mucho tiempo buscando cómo escapar, hasta que vio un rayo de sol entrar por un agujero. Se convirtió en ratón y salió por allí.

El maestro lo vio y se transformó en gato. Cuando estuvo por atraparlo, el ratón se volvió pez y se arrojó a una corriente. El diablo se hizo red y lo persiguió bajo el agua.

Antes de quedar envuelto, el pez se convirtió en faisán y levantó vuelo. Vakhraca lo siguió como halcón. Ya casi sentía sus garras cuando el aprendiz se volvió una manzana roja y cayó en el regazo de un rey.

El maestro se convirtió en cuchillo en la mano del monarca. Pero, justo antes del corte, la manzana se transformó en un montón de mijo sobre una tela. El cuchillo se hizo gallina y empezó a picotear los granos.

Un rey asombrado mira cómo una gallina negra picotea un montón de mijo sobre un mantel blanco.

Quedaba uno solo. Ese último grano se volvió aguja. El diablo se hizo hilo y entró por el ojo de la aguja para sujetarla, pero ella saltó al fuego. El hilo se quemó.

Libre por fin de Vakhraca, el muchacho recuperó su figura, regresó a casa de su padre y pudo vivir en paz.

El muchacho abraza a su madre en la puerta de la casa mientras el padre sonríe aliviado.
Fin

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Detrás de esta historia.

Tres libros abiertos unidos por una cinta roja, una pluma y nueces ante un paisaje luminoso.
Ilustración de su mundo literario

Traductora

Marjory Scott Wardrop

Marjory Scott Wardrop tradujo al inglés «Georgian Folk Tales», publicado en 1894. Trabajó con tres recopilaciones escritas, que el volumen organiza en cuentos georgianos, mingrelianos y gurianos. En el prefacio reconoce la ayuda de su hermano Oliver en la parte traducida del...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

El chico deja una señal para que su padre lo reconozca y después le da una advertencia muy precisa. Seguir las transformaciones ayuda a ver cómo cada peligro necesita una salida distinta.

  • ¿Por qué alcanza con mirar el orden del vuelo?
  • ¿Qué cambia cuando el padre entrega también la brida?

Una mirada adulta

El aprendizaje proporciona recursos para escapar de quien lo controla, pero también facilita estafas y nuevas ambiciones. El segundo cautiverio nace de una advertencia desoída por dinero. La victoria final depende de usar la última forma de un modo que el maestro no anticipa.

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