Un elefante inclina la trompa para saludar a su amigo perro en el establo.

Tradición de los jātakas de la India, según la versión de Ellen C. Babbitt · Cuento tradicional

El elefante y el perro

El compañero que faltaba

4 min de lectura7+ años · edad orientativa
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Un perro empezó a visitar el establo donde vivía el elefante del rey. Al principio iba por los restos de comida que quedaban cuando el animal terminaba de comer. Esperaba cerca, recogía algún bocado y volvía al día siguiente.

Con el tiempo, el elefante dejó de esperar al final para darle su parte. Comían juntos. Cuando uno descansaba, el otro se acomodaba a su lado. A veces el elefante levantaba al perro con la trompa y lo mecía suavemente para jugar.

Un perro pequeño come junto al comedero de un elefante asiático en un establo abierto de madera.

Un día llegó un campesino. Vio al perro, le gustó su manera de acercarse y le preguntó al cuidador si podía comprarlo. El hombre, que quería dinero y no le prestaba mucha atención al animal, puso un precio. El campesino pagó y se llevó al perro hacia el campo.

El campesino se lleva al perro con una cuerda floja; el perro vuelve la cabeza hacia el elefante, mientras el cuidador mira unas monedas en su mano.

Cuando llegó la comida, el elefante miró el lugar donde solía sentarse su amigo. No comió. Tampoco quiso ir a bañarse.

Al día siguiente volvió a ocurrir lo mismo. Y al tercero, cuando seguía sin comer ni entrar al agua, avisaron al rey.

Desde el suelo del establo, el elefante mira un espacio vacío con la cabeza baja y la trompa suelta; a la derecha queda el comedero lleno.

El rey envió a su principal servidor para averiguar qué pasaba. El hombre fue al establo, observó al elefante y habló con el cuidador. No encontraba una explicación hasta que preguntó si le faltaba algún compañero.

—Había un perro —respondió el cuidador—. Comían, dormían y jugaban juntos. Se fue hace tres días.

El servidor quiso saber adónde lo habían llevado, pero el hombre no conocía la casa del comprador.

Volvió ante el rey y le contó lo que había descubierto. El cambio había comenzado cuando separaron a los dos amigos.

El rey mandó anunciar por todo el país que quien hubiera comprado aquel perro debía dejarlo regresar. Le devolverían lo que había pagado por él.

El campesino oyó el anuncio y soltó al perro. El animal tomó el camino de vuelta y corrió hasta el establo.

El perro corre libre por el camino; detrás, el campesino sostiene la cuerda retirada y un mensajero anuncia la orden con un pergamino abierto.

Al verlo, el elefante lo levantó con la trompa y lo puso un momento sobre su cabeza. Después lo dejó otra vez en el suelo. Cuando trajeron comida, esperó a que el perro empezara a comer y entonces comió también.

El perro apoya las patas delanteras sobre la cabeza del elefante mientras la trompa curvada le sostiene suavemente los cuartos traseros.

Desde aquel día volvieron a compartir el establo. El lugar era el mismo, pero el compañero que faltaba había regresado.

Fin

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica de la narración de los jātakas: un libro abierto hacia un bosque, un ciervo y un conejo.
Ilustración de su mundo literario

Adaptadora de la fuente inglesa

Ellen C. Babbitt

Ellen C. Babbitt preparó Jataka Tales (1912) y More Jataka Tales (1922), dos libros ingleses que vuelven a narrar historias de la tradición budista de los játakas para lectores jóvenes. Sus escenas de animales, viajes y decisiones dieron forma a las fuentes...

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Con chicos

El elefante y el perro comparten comida y juegos. Cuando los separan, el encargado de averiguar qué pasa pregunta por la vida del elefante y descubre que falta su amigo. El reencuentro devuelve al cuento las pequeñas cosas que hacían juntos.

  • ¿Qué momentos muestran que se habían hecho amigos?
  • ¿Cómo contarías la llegada del perro desde su punto de vista?

Una mirada adulta

La amistad se construye con hábitos cotidianos antes de hacerse visible por su ausencia. La investigación atiende a un vínculo que la venta del perro había tratado como secundario. El desenlace devuelve valor a esa relación a través de un gesto sencillo: el elefante espera que su compañero coma primero.

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