Un caracol trepa por una planta del agua y mira alrededor en busca de sus amigos.

Relato de Binalonan, Pangasinan · Filipinas · Relato tradicional

El caracol que buscaba a sus amigos

Relatos de Filipinas

3 min de lectura13+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Un dalag (un pez de agua dulce), una libélula, una avispa y un caracol decidieron vivir juntos. Repartieron las tareas según lo que cada uno podía hacer.

El pez, el más fuerte, buscaría comida. La libélula sería la mensajera. La avispa cuidaría la casa y llevaría tierra para repararla. El caracol se ocuparía de cocinar.

Un pez, una libélula, una avispa y un caracol comparten una casa junto al agua.

Una mañana el dalag salió entre las plantas del agua y vio una rana que se agitaba en la superficie. Pensó que alcanzaría para alimentar a todos y la atrapó. Pero dentro había un anzuelo: era la carnada de un pescador.

El pez intentó soltarse sin conseguirlo. El hombre lo sacó del agua, lo llevó a su casa y se lo comió.

Un dalag toma una rana usada como carnada; el sedal asciende hacia la caña de un pescador en la orilla.

Sus compañeros esperaron hasta que comprendieron que algo había pasado. Mandaron a la libélula a buscarlo.

Desde la casa de hojas, el caracol y la avispa miran hacia la libélula que vuela sobre el agua.

Antes de salir, ella se acomodó cuidadosamente la corbata. Voló mirando en todas direcciones, hasta que encontró a otro pez que movía los labios en la superficie. Creyó que se estaba riendo de su ropa.

Se ajustó la corbata. El pez siguió moviendo la boca. La libélula volvió a ajustarla, una y otra vez, hasta que la apretó tanto que se cortó la cabeza y murió.

Una libélula azul verdosa ajusta su corbata frente a otro pez que abre la boca en la superficie.

Pasaron dos días. En la casa quedaban la avispa y el caracol, sin noticias y con hambre. El caracol podía comer barro mientras esperaba; la avispa no. Para soportar el hambre se ajustaba el cinturón.

El caracol y la avispa permanecen junto a un cuenco vacío en el interior de la casa de hojas.

Finalmente salió a buscar a sus compañeros. Mientras volaba, siguió apretándose el cinturón hasta que su cuerpo se partió en dos. También murió.

Una avispa negra y amarilla tira del extremo de su cinturón mientras vuela sobre el agua entre juncos.

El caracol quedó solo. Abandonó la casa y salió a buscarlos, llorando. Cuando encontraba un tallo de hierba o una planta que sobresalía del agua, trepaba para mirar más lejos.

Por eso, cuenta esta historia, todavía se ven caracoles subiendo por las plantas del agua: siguen mirando alrededor, esperando reconocer a sus amigos. El caracol nunca llegó a saber por qué no habían vuelto.

Un caracol trepa por una planta acuática y mira alrededor.
Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

El caracol sabe que sus amigos faltan, pero no vio lo que les ocurrió. El lector sí conoce cada viaje. Por eso, cuando él sube a mirar desde una planta, podemos entender su esperanza y también la tristeza del final.

  • ¿Qué diferencia hay entre lo que sabe el caracol y lo que sabemos nosotros?
  • ¿Sobre qué momento te gustaría conversar después de leerlo?

Una mirada adulta

La cadena de salidas transforma una casa organizada en un lugar vacío. Cada muerte deja al siguiente personaje con menos información y menos recursos. El gesto final del caracol conserva la relación con los ausentes: la explicación de una conducta animal se vuelve imagen de una búsqueda que no puede terminar.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.