La gata sin cola lleva un huevo al zapatero para cambiarlo por un par de zapatos.

Tradición armenia · colección de Cilicia/Tauro y Erzurum · Relato tradicional

La anciana y la gata

Relatos armenios · testimonio inglés de 1898

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Una anciana tenía una cabra. Cada día la ordeñaba y guardaba la leche en la alacena, pero una gata astuta entraba y se la bebía.

Un día, la mujer logró atraparla. Le cortó la cola como castigo y la dejó ir.

—¡Miau! ¡Devuélveme mi cola! —lloró la gata.

—Devuélveme la leche y te la daré.

La anciana, en la puerta de su casa, señala un cántaro de leche vacío mientras la gata sin cola la mira desde el suelo.

La gata fue a ver a la cabra.

—Cabra buena, dame un poco de leche. Se la llevaré a la anciana para que me devuelva la cola.

—Tráeme ramas de aquel árbol y tendrás leche.

La gata corrió al árbol.

—Árbol bueno, dame unas ramas. Se las daré a la cabra, que me dará leche para la anciana, y así recuperaré la cola.

—Tráeme agua y te daré ramas.

Fue entonces a ver al aguador.

—Dame agua, buen aguador. Se la llevaré al árbol para que me dé ramas. Con las ramas conseguiré leche de la cabra y con la leche recuperaré mi cola.

La gata, sobre el borde de una fuente de piedra, le habla al aguatero, que se inclina hacia ella con su odre al hombro.

—Tráeme un par de zapatos y te daré agua.

La gata llegó al zapatero.

—Buen zapatero, dame un par de zapatos. Se los llevaré al aguador, que me dará agua para el árbol. El árbol me dará ramas para la cabra; la cabra, leche para la anciana, y ella me devolverá la cola.

—Tráeme un huevo y te daré los zapatos.

La gata buscó a la gallina.

—Gallina buena, pon un huevo para mí. Lo llevaré al zapatero y me dará zapatos para el aguador. Él me dará agua para el árbol; el árbol, ramas para la cabra; la cabra, leche para la anciana. Así recuperaré mi cola.

—Tráeme cebada y pondré el huevo.

La gata fue a la era donde se trillaba el grano.

—Buena era, dame un poco de cebada.

—Puedes recoger los granos que mi dueño dejó esparcidos para los pajaritos y las hormigas.

En una era de tierra apisonada, la gata junta granos de cebada junto a unos gorriones.

La gata juntó la cebada y se la llevó a la gallina. La gallina puso un huevo. La gata lo entregó al zapatero y obtuvo los zapatos. Cambió los zapatos por un balde de agua, regó el árbol y recibió las ramas. Se las dio a la cabra, consiguió la leche y volvió a casa de la anciana.

La gata arrastra un manojo de ramas verdes hacia la cabra, que come las hojas junto a un cántaro de leche.

—Aquí tienes tu cola —dijo la mujer—. Y cuídate de no volver a robarme la leche.

La gata tomó la cola y trató de colocarla otra vez en su sitio. No pudo. Probó una y otra vez con resina, con alquitrán y con pegamento, pero nada sirvió.

Por eso aquella gata sigue sin cola hasta el día de hoy, como marca de que fue ladrona.

Al anochecer, la gata sin cola mira hacia atrás desde un muro de piedra, en una calle de la aldea.

La moraleja de este cuento dice: la maldad siempre recibe castigo; nada valioso se obtiene sin trabajo; la marca de un pecado grave no puede borrarse.

Fin

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Para reflexionar

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Con chicos

Para conversar con chicos

La gata cumple todos los intercambios y devuelve la leche, pero su cuerpo no se recupera. Podemos preguntar por qué devolver algo no siempre repara un daño y por qué lastimar a un animal no es una manera aceptable de enseñarle.

  • ¿Qué recupera la gata después de todo su trabajo y qué no puede recuperar?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La estructura acumulativa promete una restitución que el cierre desmiente: recuperar la parte perdida no permite reintegrarla. El trabajo paga la deuda de leche, pero no levanta la marca corporal impuesta por la anciana. La moraleja histórica hace permanente la falta y deja sin examen la desproporción del castigo.

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